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AAA063

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Imaginar es un hecho previo al de actuar. El sentido común secuencia los hechos como productos del pensamiento, la palabra y la obra. ¿O será posible actuar impulsiva y automáticamente, sin aviso ni determinación previa? ¿Será posible reducir el pensamiento a una fracción de tiempo tan mínima que parezca no existir? Que sea sólo una reaccción casi refleja, como un acto de supervivencia extremo?

En la arquitectura al menos, no lo es. Al igual que las obras de arte en todas y cada una de las disciplinas en las que se manifiesta el hombre, toda arquitectura es sin dudas primero obra de la imaginación, si bien esta puede ser en sí, en sus inicios, un acto fugaz, inesperado, sorpresivo: una especia de bang creativo que desencadena una serie de eventos que han de cambiar el mundo conocido, para acomodarlo a un antes y a un después.

Sin pretender aprehender ese instante, pero a la vez situarnos lo más posible cerca de él en el largo y muchas veces tedioso proceso que implica hacer arquitectura, AAA ha decidido enfocar en esta edición, un inventario de ideas, conceptos preliminares, anteproyectos y proyectos, que no han tenido la suerte de ser ejecutados, o que están en un momento muy temprano de su concretización en la realidad.

Esta edición, extraña para las normas de AAA, la de siempre publicar obra construida —como un estímulo a propiciar su ejecución— se dedica única y exclusivamente a proyectos; ninguna de las páginas del ejemplar incluye obra realizada, sino sólo proyectos. En pocos años de ejercicio, todos los arquitectos practicantes confirmamos una terrible verdad: los casos en los que los planos conceptuales llegan a convertirse en realidad constituyen un porcentaje bajo, ante la enorme cantidad de ideas que se quedan en los archivos, antes se diría en el tintero, hoy, en los discos duros o servidores digitales de los estudios de diseño. Raros son los despachos en los que se logra realizar la totalidad de los proyectos que son comisionados en las oficinas. Esta suerte sólo la merecen talentos sobrenaturales para la creación, para comprender el trasfondo de la psiquis de los clientes y sobre todo, un olfato canino y una férrea disciplina para no aceptar comisiones que desde que llegan, evidencian sus imposibilidades.

Las dificultades de financiación, las gestiones legales de propiedad, sucesión, o catastrales, los inconvenientes de los lotes ante las normativas y los conflictos frente a los estudios de factibilidad previos de los promotores, por no entrar en temas propios de las relaciones humanas entre clientes y arquitectos, o sencillamente, la inconformidad del cliente frente a esquemas no agradables propuestos por los diseñadores, son sólo algunos de los miles de factores que intervienen en el destino de los proyectos fallidos, engavetados en los estudios de arquitectura en todo el mundo. Otras veces, proyectos de excelencia, ganadores de concursos, de gran impacto, valor, y con sobrados méritos, son abandonados a su suerte por posteriores administraciones a las que concibieron las competencias, o los fondos destinados a estos desarrollos son desviados hacia otros fines, generalmente difusos… en fin, la lista de agravios puede ser larga.

Paradójicamente, muchas de esas ideas no publicadas, contienen el germen de obras posteriormente importantes, o incluso, son mejores proyectos que muchas de las obras construidas. Esta es una especie de injusticia histórica inevitable, que no sin cierta ironía, hemos decidido explorar en esta AAA064.

El Comité Editorial procedió de dos maneras: un primer grupo de arquitectos, colaboradores anteriores de AAA, fueron abordados directamente para consultarles si les parecía buena la idea, y si contaban con material susceptible de entrar a la limitada lista corta que nos constriñe a las 200 y tantas páginas de cada edición. Así pusimos la máquina en movimiento, y logramos recopilar un buen bloque de proyectos incluidos aquí. Paralelamente, hicimos un llamado público, a través de nuestras redes sociales —fundamentalmente la que más movida genera, que es la de Facebook (https://www.facebook.com/aaamag)—, que nos aumentó las opciones de publicación, aunque no con la abundancia que esperábamos. Al parecer nuestra lista original de potenciales colaboradores había sido en buena medida certera en su predicción.

Para evitar cualquier asomo críticamente cuestionable de los autores, decidimos tempranamente hacer un recuento en orden alfabético, organizado por el apellido del autor cabeza de equipo. Es importante señalar que varios equipos sometieron a nuestra consideración muchos más proyectos que los aquí presentados. Lo cual demuestra dos cosas: en primer lugar, la gran capacidad de producción de estos arquitectos, y en segundo lugar, las dificultades que se encuentran para encaminar los proyectos hacia su ejecución.

Sabemos que hay muchísimas ideas más olvidadas, engavetadas, en proceso, infinidad de ilusiones que no llegan a ser socializadas. Incluso, muchos concursos de diseño públicos importantes, con participantes serios, nacionales e internacionales, en los que se involucran bienes o territorios significativos ciudadanamente, no llegan a ser expuestos ni antes —como debiera ser— ni después de otorgados los premios. Este recuento, en consecuencia, no es más que una medida casi infinitesimal, un termómetro del estado de la práctica de la arquitectura en la República Dominicana; es el escenario alternativo, imaginario, a lo que vemos construido en el espacio. Este es solamente un fragmento del espacio imaginado, un figmento de la realidad imposible.

Varios arquitectos decidieron no publicar, por razones atendibles. Sus clientes quisieron mantener la confidencia de inicitivas delicadas política o económicamente, que requieren de una discreción particularmente delicada. Otros, por no haber desarrollado sus conceptos hasta documentarlos gráfica o textualmente lo suficiente para hacerlos comprensibles al lector. Otros, por simple superstición, ese temor tan frecuente a no divulgar sus ideas en proceso para no «matar el gallo en la funda», como se dice en buen dominicano. Cualquiera que sea la razón, estamos seguros de que existe una cantidad considerable de proyectos de gran interés para el público y para la misma profesión que hubieran podido enriquecer este itinerario.

Caribbeana, en esta edición, fue dedicada a desplegar la segunda reseña de fotos e imágenes captadas por el agudo intelecto de Alex Martínez. Seguir los ensayos que publica en Instagram o en Facebook con asiduidad, observar las composiciones que reflejan sus miradas de la realidad cotidiana, no deja de maravillarnos. Alex ha encontrado el medio perfecto para compartir sus lecturas, para consolidar en ese espacio tan virtual como presente, sus instantáneas reflexiones geométricas, matéricas, ambientales. Más que retratar, intenta captar el trasfondo esencial de la escena, de sintetizar en una superficie de 2×2”, siglos de teorías de la arquitectura, enseñanzas eternas de composición que van más allá de la calidad de la obra, de la sofisticación del proyecto, del renombre del arquitecto. Se trata de encontrar, en el fondo, tanto el fruto como la semilla que lo originó. Es también, apropiadamente, un espacio producto de su imaginación…