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AAA072

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Las constructoras como eje de desarrollo urbano en la RD
Gustavo Luis Moré / Carlos Báez Brugal

El enorme crecimiento de la industria de la construcción en la República Dominicana es un hecho indiscutible. Las estadísticas así lo reseñan, destacándose por tener diez años siendo el segundo sector de mayor importancia en la economía del país, aunque en este año 2019, el administrador del Banco Central Héctor Valdéz Albizu relató en un informe que era el de mayor crecimiento hasta el momento, aumentando a un 11.9 %.

El impacto de este fenómeno es de suma importancia para nuestro desarrollo integral. Según datos de la Cámara Dominicana de la Construcción, en el aspecto laboral este rubro mueve cerca de 300,000 empleos cada año, generando un 6.5 % de toda la fuerza laboral del país. Las compras locales llegan a RD$90 mil millones y en el aspecto impositivo, su contribución fiscal ronda los RD$8 mil millones.

Gran parte de estos números lo produce el sector privado invirtiendo y promoviendo proyectos en todas las tipologías, pero la mayor inversión económica esta destinada a la ejecución de las viviendas en altura. Es indudable que la Ley de Fideicomiso ha catapultado también la inversión del sector inmobiliario hacia la vivienda económica, en consecuencia, posiblemente vamos en el camino adecuado hacia la reducción el déficit habitacional ancestral del país. Ante tal empuje, las preguntas que nos hacemos son: ¿Que tan proactiva es la dinámica de este pujante sector en lo relativo a los cánones de la correcta proyección de la arquitectura y del urbanismo? ¿Cuál es la realidad del impacto cualitativo en el entorno ciudadano? ¿Estamos por medio de este sistema de producción, generando mejores ciudades para todos?

Es una realidad evidente que Santo Domingo se esta convirtiendo en una metrópoli, paso a paso. En este proceso, no ha quedado claro si los planes de desarrollo municipal o de adecuación de la ciudad han sido paralelos a la inversión en promoción de proyectos de viviendas, residenciales y múltiples torres de hasta 41 niveles de altura.

En esta misma revista AAA072, el veterano Arq. Cristóbal Valdéz en su artículo, hace unas interesantes y profundas reflexiones sobre cómo podría ser la ciudad hoy y en el futuro cercano, si las visiones de ordenamiento territorial y planificación del gran Santo Domingo expuestas desde 1975 hasta acá por el ADN, se hubiesen ejecutado. Indudablemente nuestra ciudad capital fuera diferente, más amistosa, más sostenible y más inteligente que lo que se percibe hoy en día.

Las entrevistas que pueden leer en este número, realizadas a dos de los arquitectos que frecuentan este catálogo de la vivienda para la promoción inmobiliaria, Daniel Pons y Franc Ortega, nos muestran su visión de la arquitectura realizada para sus clientes, en este caso las constructoras; otra entrevista significativa es la realizada a los arquitectos Amín Abel, Director de Planeamiento Urbano y a Mónica Sánchez, Encargada de Espacios Públicos, ambos del Ayuntamiento del Distrito Nacional, donde esbozan detalles y características del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, un esfuerzo loable de tratar de organizar nuestro caótico entorno y regular en pro de una mejor ciudad.

En este primer número dedicado al fenómeno -relativamente reciente- de las constructoras, están participando 21 empresas del género, de unas 300 que se especula están operando sobre el territorio nacional. Hemos tenido la oportunidad de palpar visualmente mucho material sobre lo que se está produciendo en materia de diseño y construcción. Nos hemos encontrado con proyectos con osadas propuestas como el de tener un restaurant giratorio en el último nivel de un edificio. Otros que tendrán carga para vehículos eléctricos, ni hablar de todo lo mejor en áreas sociales con jacuzzis y piscinas, o donde nos encontramos con modernas salas de cine, gimnasios de calidad, salas de reuniones y hasta espacios para la práctica de jogging. En verdad la cantidad de amenidades que se han integrado al programa de diseño de estos edificios cada vez más complejos es sorprendente. Igualmente el tipo de las unidades habitacionales en sí mismo ha sufrido ajustes en el tiempo; hoy el mercado ofrece soluciones de escaso metraje hasta otras de gran superficie y lujo. La manera de estructurar estas torres multifamiliares varía, pero en gran medida su configuración obedece a las crecientes solicitudes de la normativa estructural del Ministerio de Obras Públicas, y a la imperiosa necesidad de brindar mayores estándares de seguridad y soporte infraestructural de las mismas.

Hay tres temas que a nuestro parecer merecen mayor atención en la escena actual:

1) Las soluciones de tipo mixto, de uso comercial, institucional y habitacional desarrolladas en un mismo lote, propias de ciudades más densas y humanas que Santo Domingo, apenas inician su aparición en el panorama urbano. No se acaba de aceptar como una solución integral de gran bondad para la ciudad, ir asumiendo este tipo de soluciones, de gran vitalidad en el contexto público.

2) La provisión de cada vez más estacionamientos para ciudades con una megalomanía vehicular es atendida de varias formas, generalmente en soterrados bajo rasante que aprovechan la posibilidad de extender el territorio de actuación hasta los bordes mismos del lote. Ya es imposible pretender promover un proyecto que no contemple unidades de parqueos incluso mayores a las requeridas por la norma. En algunos casos se evidencian torres de estacionamientos en el podio urbano de los edificios, solución poco amable a los peatones y ciudadanos, poco eficiente en el aprovechamiento del volumen de obras, e ignorante de la capacidad portante ideal del subsuelo calcáreo de Santo Domingo.

3) El perfil de las torres se aleja de la capacidad icónica de su forma. Las terminaciones de los edificios aún se resuelven con el apilamiento sucesivo de los niveles inferiores y algún gesto mínimo para acomodar las preferidas unidades superiores y los servicios en las cubiertas. Es muy raro ver una solución que pretenda crear un perfil distintivo, una silueta con identidad propia en el importantísimo paisaje urbano. Esperemos que esta condición pueda mejorar paulatinamente.

Ha sido admirable constatar la profesionalidad de muchas de estas constructoras, empresas dirigidas por inspirados quijotes que han estructurado sus organizaciones para atender los reclamos de la oferta inmobiliaria en el diseño a veces realizado colectivamente, el mercadeo y la venta, la empresa contratista en sí, la publicidad, las gestiones legales y financieras y eventualmente, la administración operativa de estos conjuntos. No se trata ya del consuetudinario ingeniero aguerrido y audaz que asume todos los riesgos hasta saldar su préstamo interino en el banco de preferencia y proceder a la compra de su próximo escenario de acción; se trata de equipos profesionales bien armados, que manejan a veces cientos de millones de pesos y varios proyectos al mismo tiempo. Esto, es un fenómeno nunca visto antes. Esperemos que la República Dominicana tenga el tino de producir un ambiente político estable y confiable y las autoridades sean capaces de dirigir estos procesos hacia una nueva visión cualitativa de la pujante industria de la construcción privada dominicana. El lector podrá hacer su propio juicio basado en las obras y proyectos aquí presentados en esta primera entrega sobre el tema. Seguiremos luego…

AAA071

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A Harry Carbonell Hurst
Marcos A. Blonda  

Por suerte la arquitectura no se detiene. Basta recorrer las calles de la ciudad, los enclaves turísticos y otras ciudades del país para darnos cuenta de que cada día nuestros profesionales del diseño trabajan y construyen el presente con una proyección optimista al futuro. Una mirada a lo que está pasando es lo que quiere traer esta edición de AAA. En la misma hemos dado cobertura a variados proyectos de importantes firmas que se posicionan sólidamente en el escenario profesional local

En nuestra acostumbrada sección Caribbeana abordamos, como siempre la escena regional a la vez que la local, y tenemos una interesante oferta que presenta un resumen de las entradas ganadoras y finalistas del concurso para el Parlamento de Jamaica. Se trata de cinco propuestas poderosas cargadas de simbolismo y que son muestra del mejor diseño arquitectónico del momento en la región. Agradecemos a Mark Raymond por el enlace con la UDC desde Port of Spain, Trinidad.

La sección Biblioteca nos trae la reseña de dos nuevos títulos que se suman a la bibliografía nacional; uno es Turismo Dominicano: 30 años a velocidad de crucero, una publicación institucional del Grupo Popular escrita por el Ing. Pedro Delgado Malagón, que ofrece importantes datos acerca del desarrollo turístico del país en un hermoso ejemplar con una oferta fotográfica superior de Thiago da Cunha y de otros colaboradores. Por otra parte el noveno ejemplar de la serie Pro_File de AAA, titulado Moré Arquitectos: 40 años de espacios y palabras nos da una visión totalizadora de la obra de esta firma.

Caribbeana en esta ocasión mira a posteriori hacia el desarrollo urbano de Punta Cana, ese importante enclave donde se produce de una manera ordenada, racional y constante mucha de la buena arquitectura local. En esta ocasión la firma Cristóbal Valdez & Asociados aporta una visión sintética de su exitoso proyecto de desarrollo urbano para el PuntaCana Village, con una escala amable y apropiada al entorno.

Hemos dicho que la arquitectura no se detiene, pero tampoco lo hace la vida con sus causas y sus azares. De las artes la arquitectura es la que más fácilmente une la trascendencia a la cotidianidad pues la vida se hace en ella. Es de justicia que nuestras páginas rindan homenaje a un arquitecto que supo combinar gracia y efectividad en el diseño dotando a su obra de una poesía singular. Harry Carbonell se ha ido de entre nosotros pero quedan sus coloridos dibujos, sus sabias soluciones y su vida que celebramos con una muestra- mínima- de su trabajo y textos de la gente que le acompañó y le quiso durante su tránsito en la tierra. Gracias a su compañera de vida Martha Rivera, por el esmerado cuido de su archivo y por sus sentidas palabras escritas especialmente para esta edición. También reunimos textos aquí de Omar Rancier y de Luis Sosa, cercanos al Harry que todos conocimos y admiramos.

Nuestra intención con esta edición ha sido detenernos un momento, como hacemos cada cierto tiempo, a mirar qué está ocurriendo actualmente en el escenario profesional local y comprobar que, ciertamente, están ocurriendo cosas importantes.

En primer lugar nos ocupamos de frentes acuáticos de ciudades y nos acercamos a la escena regional con una reseña del malecón de la ciudad colombiana de Barranquilla, que a algunos les traerá memorias de las escenas ribereñas que aparecen las novelas de García Márquez. Se trata de la memoria de la ciudad trasladada a la regeneración de su mirador fluvial. Ya en el país, dos emblemáticos espacios frente al mar nos ofrecen la oportunidad de traer a nuestros lectores el proyecto de puesta en valor del malecón de Santo Domingo y el Parque Urbano, la Puntilla de Puerto Plata; uno frente al Caribe y otro frente al Atlántico: el mar como evento que se celebra desde la ciudad.

El turismo es quizás una de las actividades que más oportunidades de trabajo ofrezca para los arquitectos, nosotros en AAA estamos permanentemente atentos a los aportes de las firmas que actúan en el país y siempre nos encontramos prestos a mostrar en nuestras páginas lo mejor de la oferta actual. Esta edición no puede ser la excepción y traemos a la atención de ustedes dos obras en la costa norte del país: el complejo Ani Villas, con una propuesta que parece generada por el paisaje donde se inserta. No se queda atrás en elegancia tropical el proyecto El Portillo Beach Club and Resort, enclave de playa que saca ventajas de las potencialidades paisajísticas del lugar donde se ubica.

El desarrollo del turismo en los últimos años ha generado un crecimiento de los polos dedicados a la actividad. Ya  no se trata de enclaves aislados de la “vida normal” sino de comunidades activas que demandan bienes y servicios de manera continua. Esto genera la demanda de piezas de arquitectura que alberguen oficinas, comercios y equipamientos varios. A esta necesidad acude el proyecto Centro Profesional Punta Cana situado en ese importante punto del este del país.

Santo Domingo, la capital, nuestra querida ciudad, sigue en su ritmo acelerado de desarrollo y esta muestra de lo que pasa no puede dejar de reseñar tres proyectos de escala mediana y excelente calidad: una casa de Arroyo Hondo se convierte en oficinas, mantiene hacia la ciudad la escala del barrio e integra el programa al espacio de manera eficiente. Un restaurante en el Polígono Central es abordado de manera creativa abriendo espacios a la innovación mediante la evocación de metáforas muy sutiles. Por último la ingeniería estructural se une a las mejores practicas del diseño y el restauro para devolver a la ciudad el afamado Hotel Francés.

Esta nueva entrega inició como casi todas, con una reunión del equipo editorial, en la ocasión que ocupa a esta edición hicimos entre todos una lista de los principales trabajos del momento. Otras ediciones con más material relevante seguirán a esta. El producto de esa reunión es lo que ustedes tienen en sus manos, disfrútenla y sepan que, si es designio de la vida que así sea, estaremos aquí para ustedes.

AAA070

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Los flujos e influjos de la arquitectura en RD

Tema raro este, pero frecuentísimo: ha sido práctica común, a todo lo largo de la historia, el que arquitectos de determinada procedencia ejecuten obras en lugares distantes a su origen. Alguna vez escribimos sobre los maestros góticos y los alarifes árabes, ni hablar de los arquitectos de la colonización ibérica en América.

Con el advenimiento de la modernidad y el establecimiento de gremios profesionales sustentados por las normativas oficiales, se pretendió definir fronteras en las que los autores de un lugar fueran los únicos vindicados para practicar allí. Decimos pretender, pues es harto conocida la presencia tanto física como cultural de infinidad de arquitectos en territorios ajenos a través de su influencia cada vez mayor, debido al aumento del flujo mediático en el mundo. Valga recordar la penetración del organicismo Wrightiano en Europa gracias al portafolio Wasmuth, o de las prédicas racionalistas de Gropius, Le Corbusier, Mies etc., en todo el mundo y en particular en el continente americano. Hoy en día es prácticamente imposible determinar el origen de las soluciones formales, e incluso de las corrientes filosóficas —si las hubiese— que las sustentan. El mundo se ha convertido en la verdadera aldea global, en un encuentro de vectores relacionados de infinitas maneras entre sí.

Esta edición AAA070, aborda, ya que aún podemos, un grupo de obras realizadas por autores de la más variopinta procedencia, que tiene entre ellos un rasgo en común: todos han elaborado proyectos previstos a ser ejecutados en la República Dominicana, o de hecho, de obras ya realizadas aquí. Este denominador común extrapola nexos quizás inexistentes entre ellos, excepto por aquellos que pudiéramos hilvanar en esta edición. Lo interesante recae en atisbar con curiosidad e imaginación, el enorme bloque de hielo que se sitúa bajo la punta del iceberg de la obra de cada autor. Además de las propuestas dominicanas, ¿qué otros intereses ocupan su cuerpo crítico? Qué caminos recorren sus especulaciones arquitectónicas?

Ese es el interés de la edición, brindar al lector un panorama de miradas a diversos contextos y de paso, explorar algunos de los proyectos y obras internacionales de alta calidad, que ocupan a estos destacados colegas.

El inventarios de arquitectos extranjeros que ha dejado su huella en la RD es amplio y meritorio. Para no irnos muy lejos, valga recordar en los inicios del siglo XX, la extraordinaria obra del checo Antonín Nechodoma, quien apuntala el eclecticismo local e introduce en la República Dominicana  y Puerto Rico, el Prairie Style; pocos años después el boricua Pedro de Castro diseña y ejecuta obras de enorme sensibilidad en el lenguaje del Mediterráneo o Neohispánico, tan de moda en toda América a partir de la segunda década del mismo siglo.

La modernidad que se afinca junto a la dictadura trujillista a partir del 1930, recurre más bien a arquitectos e ingenieros locales; muchos de ellos sin embargo, demuestran una acusadísima influencia de los patrones arquitectónicos en boga en sus lugares de formación académica, tal es el caso de González, Caro, Ruiz Castillo, Gazón, los Pou Ricart, Hernández, etc. A pesar de la diversidad estilística que se evidencia en las obras de estos y otros diseñadores, a lo largo de más de 3 décadas, se logra percibir un sello particular y una afiliación a los esquemas propios de la época; como en muchos otros lugares, la arquitectura moderna penetra en la cultura local, adaptándose no solo a las condiciones climáticas, geográficas y culturales, sino hasta al marco político, por distante a las condiciones originales del fenómeno que este sea.

En dos de las convocatorias a concursos más sonadas en la República Dominicana, dos arquitectos internacionales resultan ganadores: el inglés Joseph Lea Gleave y el francés André Dunoyer de Segonzac, son galardonados y logran completar, después de décadas de laboriosa incertidumbre, sus proyectos para el Faro a Colón, y la Basílica Nuestra Señora de la Altagracia, en Santo Domingo e Higuey, respectivamente,  ambas obras muy emblemáticas de la cultura dominicana.

El español Javier Barroso, restaura en el año 1955 uno de los más reconocidos edificios de la colonia, el Alcázar de Colón, que también fue posteriormente intervenido después de la vicisitudes sufridas en el conflicto bélico del 1965,  por el maestro mexicano Carlos Flores Marini. En otro tenor, el norteamericano William Cox se convierte en el pionero de los autores que han desarrollado por más de 40 años, las obras de Casa de Campo, en la Romana, el resort vacacional más prestigioso del país en el que también han realizado obras de gran calidad los arquitectos Joaquín Torres de ACero, Hugh Newell Jacobsen, Marco Aldaco, Roberto Coppa, Duccio Hermenegildo, Gianfranco Fini, Savin Coelle, Francisco Feaugás, y un largo etc.

En la ciudad capital de Santo Domingo y en otras localidades, muchos arquitectos han podido proponer proyectos de la más variada índole. El maestro mexicano Pedro Ramírez Vázquez diseña el monumento a Fray Antón de Montesinos; el colombiano Daniel Bermúdez realiza su obra para la empresa Koala; Richard Knoor, de Chicago, construye el Centro Acrópolis y especula en torno a varios desarrollos turísticos;  el cubano José Antonio Choy plantea su esquema para unas edificaciones en la Cancillería Nacional; Perkins and Will de Miami, construye en la actualidad la clínica CEMDOE; la firma de Guadalajara GVA, ha montado una operación muy exitosa en Santo Domingo, actuando sobre todo en el ámbito inmobiliario; el dominico español Antonio Vélez Catrain ha hecho varias propuestas para obras en el país.  El llamado a concurso del MITUR para las ruinas del Monasterio de San Francisco convocó a célebres autores internacionales: Juan Herreros, Rafael Moneo, Gonzalo Byrne, Nieto Sobejano, Paredes Pedrosa, el Consorcio Ingennus-Tecnalia, Consorcio Elemental- Arup, Shankland Cox, Epsa Labco- Euroconsult, Consorcio DSDHA-Inconserca, entre otros quienes no entregaron sus propuestas.  El universo turístico ha visto innumerables propuestas de arquitectos extranjeros naturalizadas en el país; de hecho los arquitecos locales podrían ser la excepción. Las más cualificadas y de gran escala son las encabezadas por el Arq, Jaime Torrens y su equipo, para la cadena Barceló.

La gran escala del diseño urbano y la planificación ha sido abordada también por extranjeros: la firma EDSA ha redactado varios proyectos urbanos, sobre todo para el sector turístico; los puertorriqueños Andrés Mignucci y Emilio Martínez ganan concursos para desarrollos urbanísticos de relevancia asociados a Moré Arquitectos; Ricardo Boffill, con Borrell y Moré produjo el polémico proyecto esquemático para Ciudamar; Bruno Stagno, de Costa Rica plantea un plan turístico normativo para el sur del país; Giorgio Lombardi dirige el equipo que plantea un nuevo plan ordenador para el centro histórico de Santo Domingo;  Bernard Tschumi esboza un ambicioso plan para una ciudad tecnológica en el entorno de Juan Dolio; los milaneses de ItalConsult ponen en marcha un plan de ordenamiento de gran impacto en la ciudad capital, con los auspicios del Ayuntamiento del Distrito Nacional; Jaime Lerner intenta sustituir el proyecto ganador del concurso para el Parque Central de Santiago, sin mucha suerte; un llamado a proponer 28 ideas para la ciudad de Santo Domingo, organizado por el ADN en el año de 2002, concitó la presencia de nombres como Clorindo Testa, Henk Doll Mecanoo, Sebastián Irarrázabal, Manuel de Solá Morales, entre otros.

En fin, esta lista, seguramente incompleta, demuestra la importancia que tienen en la escena local, y nos atrevemos a señalar, en toda escena propia a cada nación, las actuaciones de arquitectos internacionales. A esta relevancia obedece modestamente este número de AAA.

Gustavo Luis Moré

AAA069

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Casa de Campo: pasado, presente y futuro de una leyenda

Casa de Campo es una comunidad originalmente planificada para brindar espacios de ocio para la creciente demanda de itinerarios turísticos en la región del Gran Caribe. Su origen y desarrollo, ya cercano a los 50 años de trayectoria, obedecen, como todo proyecto, a la visión de una serie de hombres de extraordinario aliento. Este enunciado parecería típico, si no se evidencian las particulares e insólitas características que lo destacan, como uno de los emprendimientos más exitosos y ejemplares de toda la región. Esta primera edición de los Archivos de Arquitectura Antillana dedicada a precisamente ahondar en los lugares ocultos de la historia, pretende iluminar estas particularidades y proponer un acercamiento comprensivo a las virtudes del fenómeno. AAA069 se ha dedicado a estudiar y presentar los primeros 25 años del proyecto, desde sus orígenes hasta la realización de la Marina de Casa de Campo, y el AAA070 atenderá los últimos años, sobre todo enfocando la notable arquitectura que ha poblado el conjunto.

Ante la mirada externa, Casa de Campo resuena como un lugar glamoroso, que propicia un estilo de vida relajado, exclusivo, en el que se aúnan las bellezas naturales con un imaginario de diseño controlado, dirigido a preservar un espíritu especial del lugar. Este espíritu, difícil de traducir a palabras e imágenes, es sin embargo el logro más destacable del desarrollo, y su comprensión y definición, uno de los objetivos a alcanzar en estas dos ediciones especiales.

En principio se trata de una serie de inversionistas norteamericanos dedicados a la industria azucarera y propietarios de extensísimas tareas sembradas de caña de azúcar en el este de la República Dominicana, quienes, acompañados con un puñado de asociados de origen antillano, a inicios de los años 70 deciden utilizar grandes extensiones de terrenos poco aptos para la producción agrícola, para un desarrollo inmobiliario internacional de alto nivel, fundamentalmente de segundas residencias vacacionales. El nombre de Charles Bluhdorn, de origen austríaco, radicado en New York City y presidente de la Gulf + Western, una de las compañías de capital público más exitosas de todos los tiempos, se hace inevitable: Bluhdorn, originalmente interesado en los temas de la industria del Central Romana, uno de los enclaves productivos más poderosos del mundo, orienta su mirada al potencial de la zona en el tema del turismo vacacional. Bluhdorn a todas luces creó un vínculo emocional fuerte en el país, como se verá, y decidió invertir en proyectos de naturaleza cultural y social -Altos de Chavón viene de inmediato al discurso-, que no estaban orientados a la explotación de un producto económicamente atractivo.

El cubano Alvaro Carta, al frente de la operación local, convence a Bluhdorn de invertir en esta idea, y obtiene carta blanca para atraer los talentos de Pete Dye y William Cox, diseñador de campos de golf y arquitecto, respectivamente, ambos de gran renombre internacional, para producir los primeros proyectos que, junto a una hábil estrategia de seducción de celebridades, logró que la idea prendiera y poco a poco se creara un mercado de rápido y rentable crecimiento. Muy poco después, el dominicano Alfonso Paniagua, al frente del mercadeo y ventas, motoriza un proceso en el que familias y propietarios nacionales adquieren propiedades especialmente diseñadas para este público, alcanzando así, en poco tiempo, construir una imagen de gran potencia en la cultura del ocio en la República Dominicana, e ir consolidando una noción de comunidad, antes ausente. Una imagen que no solo creó un standard de calidad mucho más alto en el público, sino un modo de proceder eficiente de gestión total en el país.

Los proyectos de los primeros años estuvieron diseñados por Cox, quien sin duda alguna, creó e institucionalizó la filosofía e identidad de Casa de Campo. Cox, talentosamente, asumió una mirada inspirada en la arquitectura histórica del Central Romana, realizada en los orígenes del Ingenio por la Porto Rico Sugar Co, un grupo de instalaciones de hermosa factura hoy con más de 100 años de existencia, que constituyen uno de los “bateyes” más coherentes y bien conservados del planeta. Esta arquitectura posee un imaginario frecuente en otras comunidades azucareras -Boca Chica es un ejemplo cercano- y se apoya en construcciones de techos inclinados, cubiertas de láminas metálicas sobre estructuras de madera, muros gruesos de piedra caliza local expuesta en las fachadas, verandas y plafones térmicos, repertorio con el que fueron realizadas las obras del batey, sean domésticas o laborales. Además de apreciar esta rica paleta, Cox se empleó a fondo adaptándose al clima, y propició el uso de profundos aleros y voladizos, louvers de madera de piso a techo, estructuras de madera expresivas y espacios dotados de ventilación cruzada e iluminación natural, siempre tamizada, componentes de todo un sistema de dispositivos arquitectónicos que de una manera u otra, determinaron el modo de actuar de casi todos los arquitectos que le han seguido, -despachos y creadores locales como Oscar de la Renta, José Horacio Marranzini o Caralva, estos últimos con un destacadísimo papel en estas etapas tempranas y en la idealización de Altos de Chavón- o internacionales -Roberto Coppa, Marco Aldaco, Hugh Newell Jacobsen son solo varios destacados-, gracias a la determinación de códigos de diseño certeramente controlados –ma non troppo– por la Oficina de Ingeniería y Planificación de Costa Sur.

Esta edición revisa con detalle, por primera vez en el panorama editorial internacional, las obras pioneras de Cox y de otros autores. El protagonismo de Roberto Coppa se hace indispensable de señalar en la transformación cosmética de Altos de Chavón, y de Gianfranco Fini en la materialización de la Marina; otros muchos autores han dejado su huella, y de alguna manera han creado un espacio existencial muy cercano a la idea original: un lugar de vida grata, abierto al espacio natural en una comunidad de fácil vivir y con la equilibrada dosis de privacidad y de convivencia colectiva. En el próximo número detallaremos muchas de las obras recientes de relevancia. Sirva este como bitácora del primer acto de esta obra bipartita.

Queremos agradecer sinceramente al amigo Arq. Adolfo Despradel, Director de la Oficina de Ingeniería y Planificación de Costasur, y a todo su equipo, quienes nos dieron un apoyo extraordinario participando a a modo de coeditores. Igualmente a David Peacock, cuyos textos escritos con Adolfo en Casa Life han sido revisados exclusivamente para AAA. Igualmente a los fotógrafos Alfredo Esteban, Ricardo Briones y Gustavo José Moré (Photo GUM), quienes enriquecieron la edición con sus magníficas imágenes. Agradecimiento especial para Dominique Bluhdorn y Alfonso Paniagua, por las reveladoras entrevistas brindadas aqui reseñadas. Muchas gracias a todos.

AAA se ha hecho eco de la problemática urbana, fenómeno creciente en todas las ciudades del mundo, pero particularmente compleja en Santo Domingo. Aqui reseñamos in extenso la redacción del documento Carta a Santo Domingo, producto del intercambio de visiones y del análissi de un grupo de profesionales y ciudadanos convocados por la UNPHU a iniciativa del periódico Listón Diario, con el objetivo de propones ideas y estrategia dirigidas a aliviar los problemas de la ciudad en cinco cursos de acción, señalados en el documento. Nos parece importante acotar esta iniciativa y hacerla viable como un proyecto abierto, siempre en curso de acción. De nuevo hospedamos un texto del Arq. Federico Vegas, escritor y diseñador venezolano, quien nos visita con mucha frecuencia. En esta ocasión se trata de un texto provocador sobre los 500 años de la ciudad de Caracas, urbe de gran vitalidad que está sufriendo en silencio el maltrato y la indiferencia de toda una sociedad.

Gustavo Luis Moré

AAA067

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Desde sus inicios, AAA ha querido ofrecer cada año una visión regional y nacional actualizada, del acontecer en materia de arquitectura, interiores, restauro, urbanismo y otras manifestaciones afines a la transformación del espacio habitado. Esta especie de mirada a vuelo de pájaro nunca es completa ni ofrece un panorama estable. El juicio crítico posterior a la mirada debe ser conformado por cada lector, con las pocas muestras que llegan a nuestras oficinas editoriales y que finalmente son impresas en las páginas de la revista.

Este es uno de esos ejemplares en los que hemos querido recoger diversas propuestas proyectuales, que abarcan desde la arquitectura privada, la institucional, la vivienda, y finalmente, algunas obras dentro del universo de las infraestructuras públicas de reciente e importante aparición, como lo es el sistema de la primera línea del Teleférico de Santo Domingo, que acompañamos con una experiencia similar de reciente factura en Bolivia. Los casos de Medellín y de Rio de Janeiro ya han trascendido sus fronteras y se han hecho paradigmáticos en otros países. Este es el primer ejemplo realizado en la República Dominicana —a nuestro conocimiento en todo el Caribe— y por lo que parece, no será el último. También ofrecemos varias obras recientes realizadas en Trinidad y Tobago por el destacado equipo de acla:works, una de las firmas de mayor prestigio en el Caribe anglosajón. Además, gracias a la gestión del colega Jesús Yépez, editor de la revista Entrerayas, en Caracas, presentamos dos obras en ese país y una de las estaciones del Teleférico de la Paz, Bolivia.

AAA ha transitado en sus recientes ediciones, una serie de números temáticos que han tenido un impacto notable en la República Dominicana: AAA061 dedicado a la actualidad de la arquitectura dominicana 2016. AAA062 fue un importante número monográfico que tuvo como tema la movilidad urbana en la ciudad de Santo Domingo, aspecto crítico de la situación actual de la capital dominicana, número de gran aliento muy bien recibido por entendidos y por el público en general; AAA063 fue una edición que hizo énfasis sólo en proyectos, titulada “El imaginario de la arquitectura dominicana”, en la que dibujamos un panorama de las expectativas de la arquitectura actual en la RD; AAA064, también monográfico, fue un número que se ocupó de los más importantes desarrollos en altura de la ciudad de Santo Domingo, en una visión pionera, realista y esperanzadora. AAA065 cubrió nuestra periódica y tradicional edición dedicada a reseñar los mejores trabajos de interiorismo en la RD. Por último AAA066 fue dedicado —por primera vez en el mundo se realizaba una edición coherente e integral sobre este tema— al célebre desarrollo turístico de Punta Cana en el este de la República Dominicana. Esperamos seguir con números temáticos, algunos sorpresivos, con contenido de cierta relevancia, y otros que siguen nuestra tradición de ofrecer, como por ejemplo nuestro número anual dedicado a los interiores arquitectónicos de mayor calidad en el país.

Entendemos que la responsabilidad de una revista vá más allá. que la de reseñar la contemporaneidad, desde un punto de vista profesional. Un vehículo como este permite transformar la cultura del espacio creando opinión critica, democrática e informada, de la realidad actual, cubriendo tanto el pasado como el futuro de manera equilibrada. AAA está consciente de esto, y se ha dedicado a crear contenido, a despertar, por medio de la palabra y la imagen, una conciencia ciudadana actualizada y responsable, que permita orquestar cambios en el espacio con una sensibilidad particular y universal. Publicar es un acto creativo, si se atienden las necesidades que en verdad operan en el trasfondo de los hechos.