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AAA071

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A Harry Carbonell Hurst
Marcos A. Blonda  

Por suerte la arquitectura no se detiene. Basta recorrer las calles de la ciudad, los enclaves turísticos y otras ciudades del país para darnos cuenta de que cada día nuestros profesionales del diseño trabajan y construyen el presente con una proyección optimista al futuro. Una mirada a lo que está pasando es lo que quiere traer esta edición de AAA. En la misma hemos dado cobertura a variados proyectos de importantes firmas que se posicionan sólidamente en el escenario profesional local

En nuestra acostumbrada sección Caribbeana abordamos, como siempre la escena regional a la vez que la local, y tenemos una interesante oferta que presenta un resumen de las entradas ganadoras y finalistas del concurso para el Parlamento de Jamaica. Se trata de cinco propuestas poderosas cargadas de simbolismo y que son muestra del mejor diseño arquitectónico del momento en la región. Agradecemos a Mark Raymond por el enlace con la UDC desde Port of Spain, Trinidad.

La sección Biblioteca nos trae la reseña de dos nuevos títulos que se suman a la bibliografía nacional; uno es Turismo Dominicano: 30 años a velocidad de crucero, una publicación institucional del Grupo Popular escrita por el Ing. Pedro Delgado Malagón, que ofrece importantes datos acerca del desarrollo turístico del país en un hermoso ejemplar con una oferta fotográfica superior de Thiago da Cunha y de otros colaboradores. Por otra parte el noveno ejemplar de la serie Pro_File de AAA, titulado Moré Arquitectos: 40 años de espacios y palabras nos da una visión totalizadora de la obra de esta firma.

Caribbeana en esta ocasión mira a posteriori hacia el desarrollo urbano de Punta Cana, ese importante enclave donde se produce de una manera ordenada, racional y constante mucha de la buena arquitectura local. En esta ocasión la firma Cristóbal Valdez & Asociados aporta una visión sintética de su exitoso proyecto de desarrollo urbano para el PuntaCana Village, con una escala amable y apropiada al entorno.

Hemos dicho que la arquitectura no se detiene, pero tampoco lo hace la vida con sus causas y sus azares. De las artes la arquitectura es la que más fácilmente une la trascendencia a la cotidianidad pues la vida se hace en ella. Es de justicia que nuestras páginas rindan homenaje a un arquitecto que supo combinar gracia y efectividad en el diseño dotando a su obra de una poesía singular. Harry Carbonell se ha ido de entre nosotros pero quedan sus coloridos dibujos, sus sabias soluciones y su vida que celebramos con una muestra- mínima- de su trabajo y textos de la gente que le acompañó y le quiso durante su tránsito en la tierra. Gracias a su compañera de vida Martha Rivera, por el esmerado cuido de su archivo y por sus sentidas palabras escritas especialmente para esta edición. También reunimos textos aquí de Omar Rancier y de Luis Sosa, cercanos al Harry que todos conocimos y admiramos.

Nuestra intención con esta edición ha sido detenernos un momento, como hacemos cada cierto tiempo, a mirar qué está ocurriendo actualmente en el escenario profesional local y comprobar que, ciertamente, están ocurriendo cosas importantes.

En primer lugar nos ocupamos de frentes acuáticos de ciudades y nos acercamos a la escena regional con una reseña del malecón de la ciudad colombiana de Barranquilla, que a algunos les traerá memorias de las escenas ribereñas que aparecen las novelas de García Márquez. Se trata de la memoria de la ciudad trasladada a la regeneración de su mirador fluvial. Ya en el país, dos emblemáticos espacios frente al mar nos ofrecen la oportunidad de traer a nuestros lectores el proyecto de puesta en valor del malecón de Santo Domingo y el Parque Urbano, la Puntilla de Puerto Plata; uno frente al Caribe y otro frente al Atlántico: el mar como evento que se celebra desde la ciudad.

El turismo es quizás una de las actividades que más oportunidades de trabajo ofrezca para los arquitectos, nosotros en AAA estamos permanentemente atentos a los aportes de las firmas que actúan en el país y siempre nos encontramos prestos a mostrar en nuestras páginas lo mejor de la oferta actual. Esta edición no puede ser la excepción y traemos a la atención de ustedes dos obras en la costa norte del país: el complejo Ani Villas, con una propuesta que parece generada por el paisaje donde se inserta. No se queda atrás en elegancia tropical el proyecto El Portillo Beach Club and Resort, enclave de playa que saca ventajas de las potencialidades paisajísticas del lugar donde se ubica.

El desarrollo del turismo en los últimos años ha generado un crecimiento de los polos dedicados a la actividad. Ya  no se trata de enclaves aislados de la “vida normal” sino de comunidades activas que demandan bienes y servicios de manera continua. Esto genera la demanda de piezas de arquitectura que alberguen oficinas, comercios y equipamientos varios. A esta necesidad acude el proyecto Centro Profesional Punta Cana situado en ese importante punto del este del país.

Santo Domingo, la capital, nuestra querida ciudad, sigue en su ritmo acelerado de desarrollo y esta muestra de lo que pasa no puede dejar de reseñar tres proyectos de escala mediana y excelente calidad: una casa de Arroyo Hondo se convierte en oficinas, mantiene hacia la ciudad la escala del barrio e integra el programa al espacio de manera eficiente. Un restaurante en el Polígono Central es abordado de manera creativa abriendo espacios a la innovación mediante la evocación de metáforas muy sutiles. Por último la ingeniería estructural se une a las mejores practicas del diseño y el restauro para devolver a la ciudad el afamado Hotel Francés.

Esta nueva entrega inició como casi todas, con una reunión del equipo editorial, en la ocasión que ocupa a esta edición hicimos entre todos una lista de los principales trabajos del momento. Otras ediciones con más material relevante seguirán a esta. El producto de esa reunión es lo que ustedes tienen en sus manos, disfrútenla y sepan que, si es designio de la vida que así sea, estaremos aquí para ustedes.

AAA Pro_File 09 Moré Arquitectos: 40 Años de espacios y palabras

USD $59.00

Moré Arquitectos: 40 años de espacios y palabras 

Tan potente es la arquitectura que pasa desapercibida. Se nos aparece en los sueños, nos permite vivir toda una vida, y apenas exige tenerla en cuenta cada cierto tiempo, dedicarle la atención a mantenerla, a darle soporte, como si estuviera viva y requiriera de nosotros. Dedicar la vida a imaginar lugares, a crear con otros los espacios que se esconden en los sueños, o luego nos regresan a la memoria, es un oficio capaz de transformar, inadvertidamente, la existencia de todos los seres humanos.

Este libro no es un libro. Es un proyecto de liberación en el que se comparten los hechos más singulares de una vida dedicada a hacer muchas cosas. Pasa el tiempo, y uno vive a veces conscientemente, a veces inconscientemente. John Lennon dijo “Life is what happens to you while you’re busy making other plans.”

Este libro quiere ser un reflejo de lo que he hecho mientras hacía cosas importantes, y a la vez, un documento que recoge algunas que después de todo, si han resultado serlas. Para mi al menos.

Su propósito es la esperanza de profundizar una huella que frágilmente se ha dejado en el camino. Es el de mirar hacia adentro para abrir hacia afuera y en el proceso, comunicar el mundo que me tocó hasta ahora vivir y del que nunca acabo de asombrarme. Siempre he dicho que si tuviera que escoger la palabra más bella del idioma castellano, esta sería la palabra “Maravilla”.

Para hacer un libro hay que escribir. Escribir no es un proceso automático. Es el resultado de leer, de vivir, de pensar y de abandonar un miedo que de vez en cuando, invade al escritor. El tiempo de la escritura es muy relativo. Algunos escritores lo hacen como si hablaran, o mejor, como si miraran y pudieran a través de sus ojos, contar lo que el cerebro y el corazón les dicta. Freddy Ginebra, Eugenio Pérez Montás, Ramón Gutiérrez o Marianne de Tolentino me vienen a la mente. En mi caso, la escritura llegó de la mano de la arquitectura; hacer proyectos requirió describirlos, y de comunicar, a través de palabras no sólo de dibujos, los valores de una idea. Tiempo después entendí que editar periódicos, revistas, y eventualmente, libros, era un poco como diseñar. Es como planificar la totalidad de un volumen e ir asignando espacios, llenos, claros y oscuros, en una secuencia rítmica, con una estructura musical, en un promenade architecturale hecho con palabras.

Hay textos que salen en minutos aunque sean producto del pensamiento de años; los editoriales de AAA, por ejemplo, son el resultado de una investigación a profundidad de meses, con un ritmo de aparición trimestral; no hay tiempo para dudas. Hay otros textos que toman toda la vida: el libro que escribí y edité para el Banco Popular sobre Guillermo González, o para la serie Pro_File de los Arquitectos Caro, tardaron décadas en ser investigados, y más de un año en ser documentados y diagramados. Este mismo texto, ha estado en proceso durante 40 años, antes de decidirme a enfrentarlo.

Escribir es duro. Es un oficio exigente, que tiene pocas recompensas. Es un proceso egoísta, casi obsesivo, por medio del cual el autor confía que logrará la complicidad de otros seres humanos, quienes se interesarán en acompañarle en sus historias, en ser partícipes de su aventura personal.
Pero, —y cada escritor lo sabe— no hay satisfacción igual. La palabra puede llegar a ser un acto definitivo, concluyente, transformador. Puede revolucionar el alma y la vida del que la recibe. Es tan potente su efecto, que los políticos, los sacerdotes y filósofos, los escritores e historiadores, los amantes, son capaces de atraparnos en sus redes, y convertirnos en aquello que ellos deseen. La palabra es el mayor instrumento del poder, en aquellos que quieren usarla para tales fines.

En mi caso, la motivación es otra, profesional, si se quiere, si bien la arquitectura que se hace con las palabras y la música que puede resonar en un texto, pueden ser tan gratificantes como la paz después de la guerra que implica confesar los sentimientos sobre el papel. Una vocación casi obsesiva de documentar, con tenacidad de coleccionista, todo el trabajo relizado, es el soporte estructural del proyecto, en realidad. El mismo aspira además, a que la obra pueda, más allá de cualquier asociación a un equipo de personas, ser entendida por los méritos de la obra misma; pretende que la obra en sí sea prioritaria a los seres humanos que la han realizado, en la imaginación del lector. Ojalá contar con esta bondad.

Moré Arquitectos ha sido el nombre de la firma que publica este volumen, por más de 30 años. Hoy en día incluye la presencia de María del Mar Moré, diseñadora de interiores y de Gustavo José Moré, arquitecto y fotógrafo, dentro del equipo ejecutivo de la empresa. El trabajo de Moré Arquitectos deberá entenderse como una obra en grupo, junto a nuestros numerosos asociados y colaboradores. Estamos conscientes de que este título debe ser ajustado a nuevas consideraciones de democratización y certeza en las autorías. Es muy probable que en poco tiempo, la firma aborde una actualización que precise la representatividad de los miembros y el carácter de trabajo del equipo.

Compilar el índice de proyectos, escribir sus pensamientos de origen y documentar con imágenes casi todo ha sido, un trabajo muy persistente, que tomó años en ser estructurado a un nivel medianamente satisfactorio. No todo es relevante para ser esculpido en la página. He tratado sin embargo de incluir con cuidado cada trabajo realizado organizados por apartados tipológicos y en un orden cronológico que el lector sabrá seguir. Hay uno que otro trabajo realizado que debo haber olvidado, algunos pocos que quisiera olvidar; pero la enorme mayoría está aquí secuenciado y en casos particulares de significación especial, profusamente detallados.

Hemos escrito textos titulados Reflexiones a Posteriori en un punto estratégico del discurso; en algunos casos tienen relación directa con el aprendizaje adquirido durante los procesos en curso en esos momentos, en otros no; me pareció interesante introducir “citas” teóricas o de conclusiones a las que he llegado durante el discurrir de mi carrera hasta la fecha, y que me parece que seguirán siendo estables en el tiempo. De alguna manera son síntesis teóricas de procesos prácticos, personales, algunos de ellos todavía en maduración.

Este libro quiso llamarse por mucho tiempo Memorias del silencio en el vacío.

Ese fue el espíritu que lo guió, hasta que nos decidimos por un título un tanto más específico. Dejamos esto a su interpretación.

Gustavo Luis Moré

AAA070

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Los flujos e influjos de la arquitectura en RD

Tema raro este, pero frecuentísimo: ha sido práctica común, a todo lo largo de la historia, el que arquitectos de determinada procedencia ejecuten obras en lugares distantes a su origen. Alguna vez escribimos sobre los maestros góticos y los alarifes árabes, ni hablar de los arquitectos de la colonización ibérica en América.

Con el advenimiento de la modernidad y el establecimiento de gremios profesionales sustentados por las normativas oficiales, se pretendió definir fronteras en las que los autores de un lugar fueran los únicos vindicados para practicar allí. Decimos pretender, pues es harto conocida la presencia tanto física como cultural de infinidad de arquitectos en territorios ajenos a través de su influencia cada vez mayor, debido al aumento del flujo mediático en el mundo. Valga recordar la penetración del organicismo Wrightiano en Europa gracias al portafolio Wasmuth, o de las prédicas racionalistas de Gropius, Le Corbusier, Mies etc., en todo el mundo y en particular en el continente americano. Hoy en día es prácticamente imposible determinar el origen de las soluciones formales, e incluso de las corrientes filosóficas —si las hubiese— que las sustentan. El mundo se ha convertido en la verdadera aldea global, en un encuentro de vectores relacionados de infinitas maneras entre sí.

Esta edición AAA070, aborda, ya que aún podemos, un grupo de obras realizadas por autores de la más variopinta procedencia, que tiene entre ellos un rasgo en común: todos han elaborado proyectos previstos a ser ejecutados en la República Dominicana, o de hecho, de obras ya realizadas aquí. Este denominador común extrapola nexos quizás inexistentes entre ellos, excepto por aquellos que pudiéramos hilvanar en esta edición. Lo interesante recae en atisbar con curiosidad e imaginación, el enorme bloque de hielo que se sitúa bajo la punta del iceberg de la obra de cada autor. Además de las propuestas dominicanas, ¿qué otros intereses ocupan su cuerpo crítico? Qué caminos recorren sus especulaciones arquitectónicas?

Ese es el interés de la edición, brindar al lector un panorama de miradas a diversos contextos y de paso, explorar algunos de los proyectos y obras internacionales de alta calidad, que ocupan a estos destacados colegas.

El inventarios de arquitectos extranjeros que ha dejado su huella en la RD es amplio y meritorio. Para no irnos muy lejos, valga recordar en los inicios del siglo XX, la extraordinaria obra del checo Antonín Nechodoma, quien apuntala el eclecticismo local e introduce en la República Dominicana  y Puerto Rico, el Prairie Style; pocos años después el boricua Pedro de Castro diseña y ejecuta obras de enorme sensibilidad en el lenguaje del Mediterráneo o Neohispánico, tan de moda en toda América a partir de la segunda década del mismo siglo.

La modernidad que se afinca junto a la dictadura trujillista a partir del 1930, recurre más bien a arquitectos e ingenieros locales; muchos de ellos sin embargo, demuestran una acusadísima influencia de los patrones arquitectónicos en boga en sus lugares de formación académica, tal es el caso de González, Caro, Ruiz Castillo, Gazón, los Pou Ricart, Hernández, etc. A pesar de la diversidad estilística que se evidencia en las obras de estos y otros diseñadores, a lo largo de más de 3 décadas, se logra percibir un sello particular y una afiliación a los esquemas propios de la época; como en muchos otros lugares, la arquitectura moderna penetra en la cultura local, adaptándose no solo a las condiciones climáticas, geográficas y culturales, sino hasta al marco político, por distante a las condiciones originales del fenómeno que este sea.

En dos de las convocatorias a concursos más sonadas en la República Dominicana, dos arquitectos internacionales resultan ganadores: el inglés Joseph Lea Gleave y el francés André Dunoyer de Segonzac, son galardonados y logran completar, después de décadas de laboriosa incertidumbre, sus proyectos para el Faro a Colón, y la Basílica Nuestra Señora de la Altagracia, en Santo Domingo e Higuey, respectivamente,  ambas obras muy emblemáticas de la cultura dominicana.

El español Javier Barroso, restaura en el año 1955 uno de los más reconocidos edificios de la colonia, el Alcázar de Colón, que también fue posteriormente intervenido después de la vicisitudes sufridas en el conflicto bélico del 1965,  por el maestro mexicano Carlos Flores Marini. En otro tenor, el norteamericano William Cox se convierte en el pionero de los autores que han desarrollado por más de 40 años, las obras de Casa de Campo, en la Romana, el resort vacacional más prestigioso del país en el que también han realizado obras de gran calidad los arquitectos Joaquín Torres de ACero, Hugh Newell Jacobsen, Marco Aldaco, Roberto Coppa, Duccio Hermenegildo, Gianfranco Fini, Savin Coelle, Francisco Feaugás, y un largo etc.

En la ciudad capital de Santo Domingo y en otras localidades, muchos arquitectos han podido proponer proyectos de la más variada índole. El maestro mexicano Pedro Ramírez Vázquez diseña el monumento a Fray Antón de Montesinos; el colombiano Daniel Bermúdez realiza su obra para la empresa Koala; Richard Knoor, de Chicago, construye el Centro Acrópolis y especula en torno a varios desarrollos turísticos;  el cubano José Antonio Choy plantea su esquema para unas edificaciones en la Cancillería Nacional; Perkins and Will de Miami, construye en la actualidad la clínica CEMDOE; la firma de Guadalajara GVA, ha montado una operación muy exitosa en Santo Domingo, actuando sobre todo en el ámbito inmobiliario; el dominico español Antonio Vélez Catrain ha hecho varias propuestas para obras en el país.  El llamado a concurso del MITUR para las ruinas del Monasterio de San Francisco convocó a célebres autores internacionales: Juan Herreros, Rafael Moneo, Gonzalo Byrne, Nieto Sobejano, Paredes Pedrosa, el Consorcio Ingennus-Tecnalia, Consorcio Elemental- Arup, Shankland Cox, Epsa Labco- Euroconsult, Consorcio DSDHA-Inconserca, entre otros quienes no entregaron sus propuestas.  El universo turístico ha visto innumerables propuestas de arquitectos extranjeros naturalizadas en el país; de hecho los arquitecos locales podrían ser la excepción. Las más cualificadas y de gran escala son las encabezadas por el Arq, Jaime Torrens y su equipo, para la cadena Barceló.

La gran escala del diseño urbano y la planificación ha sido abordada también por extranjeros: la firma EDSA ha redactado varios proyectos urbanos, sobre todo para el sector turístico; los puertorriqueños Andrés Mignucci y Emilio Martínez ganan concursos para desarrollos urbanísticos de relevancia asociados a Moré Arquitectos; Ricardo Boffill, con Borrell y Moré produjo el polémico proyecto esquemático para Ciudamar; Bruno Stagno, de Costa Rica plantea un plan turístico normativo para el sur del país; Giorgio Lombardi dirige el equipo que plantea un nuevo plan ordenador para el centro histórico de Santo Domingo;  Bernard Tschumi esboza un ambicioso plan para una ciudad tecnológica en el entorno de Juan Dolio; los milaneses de ItalConsult ponen en marcha un plan de ordenamiento de gran impacto en la ciudad capital, con los auspicios del Ayuntamiento del Distrito Nacional; Jaime Lerner intenta sustituir el proyecto ganador del concurso para el Parque Central de Santiago, sin mucha suerte; un llamado a proponer 28 ideas para la ciudad de Santo Domingo, organizado por el ADN en el año de 2002, concitó la presencia de nombres como Clorindo Testa, Henk Doll Mecanoo, Sebastián Irarrázabal, Manuel de Solá Morales, entre otros.

En fin, esta lista, seguramente incompleta, demuestra la importancia que tienen en la escena local, y nos atrevemos a señalar, en toda escena propia a cada nación, las actuaciones de arquitectos internacionales. A esta relevancia obedece modestamente este número de AAA.

Gustavo Luis Moré

AAA069

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Casa de Campo: pasado, presente y futuro de una leyenda

Casa de Campo es una comunidad originalmente planificada para brindar espacios de ocio para la creciente demanda de itinerarios turísticos en la región del Gran Caribe. Su origen y desarrollo, ya cercano a los 50 años de trayectoria, obedecen, como todo proyecto, a la visión de una serie de hombres de extraordinario aliento. Este enunciado parecería típico, si no se evidencian las particulares e insólitas características que lo destacan, como uno de los emprendimientos más exitosos y ejemplares de toda la región. Esta primera edición de los Archivos de Arquitectura Antillana dedicada a precisamente ahondar en los lugares ocultos de la historia, pretende iluminar estas particularidades y proponer un acercamiento comprensivo a las virtudes del fenómeno. AAA069 se ha dedicado a estudiar y presentar los primeros 25 años del proyecto, desde sus orígenes hasta la realización de la Marina de Casa de Campo, y el AAA070 atenderá los últimos años, sobre todo enfocando la notable arquitectura que ha poblado el conjunto.

Ante la mirada externa, Casa de Campo resuena como un lugar glamoroso, que propicia un estilo de vida relajado, exclusivo, en el que se aúnan las bellezas naturales con un imaginario de diseño controlado, dirigido a preservar un espíritu especial del lugar. Este espíritu, difícil de traducir a palabras e imágenes, es sin embargo el logro más destacable del desarrollo, y su comprensión y definición, uno de los objetivos a alcanzar en estas dos ediciones especiales.

En principio se trata de una serie de inversionistas norteamericanos dedicados a la industria azucarera y propietarios de extensísimas tareas sembradas de caña de azúcar en el este de la República Dominicana, quienes, acompañados con un puñado de asociados de origen antillano, a inicios de los años 70 deciden utilizar grandes extensiones de terrenos poco aptos para la producción agrícola, para un desarrollo inmobiliario internacional de alto nivel, fundamentalmente de segundas residencias vacacionales. El nombre de Charles Bluhdorn, de origen austríaco, radicado en New York City y presidente de la Gulf + Western, una de las compañías de capital público más exitosas de todos los tiempos, se hace inevitable: Bluhdorn, originalmente interesado en los temas de la industria del Central Romana, uno de los enclaves productivos más poderosos del mundo, orienta su mirada al potencial de la zona en el tema del turismo vacacional. Bluhdorn a todas luces creó un vínculo emocional fuerte en el país, como se verá, y decidió invertir en proyectos de naturaleza cultural y social -Altos de Chavón viene de inmediato al discurso-, que no estaban orientados a la explotación de un producto económicamente atractivo.

El cubano Alvaro Carta, al frente de la operación local, convence a Bluhdorn de invertir en esta idea, y obtiene carta blanca para atraer los talentos de Pete Dye y William Cox, diseñador de campos de golf y arquitecto, respectivamente, ambos de gran renombre internacional, para producir los primeros proyectos que, junto a una hábil estrategia de seducción de celebridades, logró que la idea prendiera y poco a poco se creara un mercado de rápido y rentable crecimiento. Muy poco después, el dominicano Alfonso Paniagua, al frente del mercadeo y ventas, motoriza un proceso en el que familias y propietarios nacionales adquieren propiedades especialmente diseñadas para este público, alcanzando así, en poco tiempo, construir una imagen de gran potencia en la cultura del ocio en la República Dominicana, e ir consolidando una noción de comunidad, antes ausente. Una imagen que no solo creó un standard de calidad mucho más alto en el público, sino un modo de proceder eficiente de gestión total en el país.

Los proyectos de los primeros años estuvieron diseñados por Cox, quien sin duda alguna, creó e institucionalizó la filosofía e identidad de Casa de Campo. Cox, talentosamente, asumió una mirada inspirada en la arquitectura histórica del Central Romana, realizada en los orígenes del Ingenio por la Porto Rico Sugar Co, un grupo de instalaciones de hermosa factura hoy con más de 100 años de existencia, que constituyen uno de los “bateyes” más coherentes y bien conservados del planeta. Esta arquitectura posee un imaginario frecuente en otras comunidades azucareras -Boca Chica es un ejemplo cercano- y se apoya en construcciones de techos inclinados, cubiertas de láminas metálicas sobre estructuras de madera, muros gruesos de piedra caliza local expuesta en las fachadas, verandas y plafones térmicos, repertorio con el que fueron realizadas las obras del batey, sean domésticas o laborales. Además de apreciar esta rica paleta, Cox se empleó a fondo adaptándose al clima, y propició el uso de profundos aleros y voladizos, louvers de madera de piso a techo, estructuras de madera expresivas y espacios dotados de ventilación cruzada e iluminación natural, siempre tamizada, componentes de todo un sistema de dispositivos arquitectónicos que de una manera u otra, determinaron el modo de actuar de casi todos los arquitectos que le han seguido, -despachos y creadores locales como Oscar de la Renta, José Horacio Marranzini o Caralva, estos últimos con un destacadísimo papel en estas etapas tempranas y en la idealización de Altos de Chavón- o internacionales -Roberto Coppa, Marco Aldaco, Hugh Newell Jacobsen son solo varios destacados-, gracias a la determinación de códigos de diseño certeramente controlados –ma non troppo– por la Oficina de Ingeniería y Planificación de Costa Sur.

Esta edición revisa con detalle, por primera vez en el panorama editorial internacional, las obras pioneras de Cox y de otros autores. El protagonismo de Roberto Coppa se hace indispensable de señalar en la transformación cosmética de Altos de Chavón, y de Gianfranco Fini en la materialización de la Marina; otros muchos autores han dejado su huella, y de alguna manera han creado un espacio existencial muy cercano a la idea original: un lugar de vida grata, abierto al espacio natural en una comunidad de fácil vivir y con la equilibrada dosis de privacidad y de convivencia colectiva. En el próximo número detallaremos muchas de las obras recientes de relevancia. Sirva este como bitácora del primer acto de esta obra bipartita.

Queremos agradecer sinceramente al amigo Arq. Adolfo Despradel, Director de la Oficina de Ingeniería y Planificación de Costasur, y a todo su equipo, quienes nos dieron un apoyo extraordinario participando a a modo de coeditores. Igualmente a David Peacock, cuyos textos escritos con Adolfo en Casa Life han sido revisados exclusivamente para AAA. Igualmente a los fotógrafos Alfredo Esteban, Ricardo Briones y Gustavo José Moré (Photo GUM), quienes enriquecieron la edición con sus magníficas imágenes. Agradecimiento especial para Dominique Bluhdorn y Alfonso Paniagua, por las reveladoras entrevistas brindadas aqui reseñadas. Muchas gracias a todos.

AAA se ha hecho eco de la problemática urbana, fenómeno creciente en todas las ciudades del mundo, pero particularmente compleja en Santo Domingo. Aqui reseñamos in extenso la redacción del documento Carta a Santo Domingo, producto del intercambio de visiones y del análissi de un grupo de profesionales y ciudadanos convocados por la UNPHU a iniciativa del periódico Listón Diario, con el objetivo de propones ideas y estrategia dirigidas a aliviar los problemas de la ciudad en cinco cursos de acción, señalados en el documento. Nos parece importante acotar esta iniciativa y hacerla viable como un proyecto abierto, siempre en curso de acción. De nuevo hospedamos un texto del Arq. Federico Vegas, escritor y diseñador venezolano, quien nos visita con mucha frecuencia. En esta ocasión se trata de un texto provocador sobre los 500 años de la ciudad de Caracas, urbe de gran vitalidad que está sufriendo en silencio el maltrato y la indiferencia de toda una sociedad.

Gustavo Luis Moré

AAA068

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Como una edición anual que cada vez adquiere más representatividad y trascendencia cultural, AAA068 presenta un inventario de obras relativas al mundo de la arquitectura de interiores, esta vez ampliado para incluir proyectos realizados en México, Perú y Colombia, además de en la República Dominicana. De entrada agradecemos a los amigos Arq. Juan Bernardo Dolores, quien nos remitió información de primera mano desde su país México y desde Perú, y al Arq. Ricardo Vives, quien a su vez actuó desde Colombia. La selección dominicana pretendió dar acceso a proyectistas jóvenes que apenas irrumpen en el mercado laboral pero poseen calidad sobrada para merecer su espacio en la página.

En verdad cada vez más el diseño de interiores ocupa un sitial de importancia en la concepción de una arquitectura integral. Este hecho se evidencia no sólo en los espacios domésticos, sean estos primeras o segundas residencias, o en los cada vez más frecuentes apartamentos en alojamientos colectivos, sino también en instalaciones institucionales y comerciales. Ya no resulta extraño trabajar en un proyecto de edificación que incorpore como instrumento creativo potencializador a profesionales de esta especialización; Las simbiosis creativas pueden ser generalmente muy positivas para el mismo proyecto y para la operación futura de las obras. La complejidad de los programas actuales exigen ya la participación de consultores dedicados a las diversas áreas que componen la redacción total de la arquitectura contemporánea.

Ya la idea de un “decorador”, como maquillista superficial de los interiores, como terminador escenográfico, ha sido superada y se queda corta ante la realidad de equipos de interioristas que definen terminaciones arquitectónicas, precisan las necesidades operativas de los espacios, cuantifican y concertar los acabados, el mobiliario, la señalética y el arte, concentrando sus esfuerzos en territorios de actuación poco frecuentados por el sólo proyecto arquitectónico, salvo en contadas excepciones.

Esta edición lo demuestra, a través de los bloques tipológicos en la que ha sido organizado su contenido: residencias, restaurantes y oficinas.

Hay autores que se especializan en interiores residenciales; otros en corporativos o comerciales. Otros sin embargo, son capaces de brillar en circunstancias proyectuales diversas. Cada día más, el escenario de actuación de los interioristas es más amplio en el panorama latinoamericano -ámbito apenas esbozado en esta edición- y en particular, en el dominicano. Esperamos hacer de esta frecuente edición de AAA Interiores, un vehículo más atractivo para apoyar el desarrollo de este significativo oficio.

Rafael Calventi Gaviño, In Memoriam

Al cierre de esta edición recibimos la amarga noticia del fallecimiento del arquitecto dominicano Rafael Calventi. Durante los últimos años se había desempeñado en el cuerpo diplomático dominicano, ocupando el puesto de embajador en las sedes de Ciudad México, Buenos Aires, Roma y Berlín. Este digno y sobresaliente periplo, asumido ante un cambio de vida en su esfera personal, le distanció de su oficina de arquitectura, espacio que le permitió realizar un grupo de obras de extraordinaria calidad en el escenario nacional, tales como el Banco Central de la República Dominicana, el Palacio de los Deportes de Santiago, el Monumento a la Restauración en Capotillo, el edificio de la Pan American Life (PALIC, hoy MAPFRE BHD) y un sinnúmero de obras privadas, residencias -su propia casa y la desaparecida Mastrolilli como ejemplos excelsos- y edificios colectivos -dentro del que se destaca la Torre Libertador- que, junto a su presencia continua y provocadora en los medios y su trabajo como académico en las aulas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, le han garantizado un sitial como uno de los grandes maestros de la arquitectura de la segunda generación moderna en la República Dominicana.

Coherente en sus postulados críticos e ideológicos, su arquitectura transitó por una formalización enraizada con las formulaciones modernas. Pocas obras se permiten licencias manieristas o posmodernas; el alma y el cuerpo de sus obras son producto de un profundo entendimiento de la tardomodernidad, hecho que críticos como Omar Rancier y Roberto Segre han manifestado en múltiplos escritos.

De Rafael Calventi aprendí infinidad de cosas, tanto en el aspecto personal como en el profesional. Su entrega a la arquitectura era tal que resulta imposible desligar uno del otro. Mi primer contacto con Calventi fue la entrevista que le realicé para el Arquivox #2, revista que en los años 80 editaba como parte de mis responsabilidades en el Grupo Nueva Arquitectura. Esa entrevista me abrió las puertas a su mundo de arquitectura como oficio profesional de gran altura, con consciencia plena de los temas estéticos, técnicos, sociales y económicos del mestiere.

Era obvia su formación no solo en academias europeas de gran calidad, sino sus experiencias en despachos como los de Marcel Breuer, Pier Luigi Nervi, Pierre Dufeau, etc. En el año de 1985 me invitó a colaborar en su libro Arquitectura Contemporánea en la República Dominicana, proyecto en el que compartimos por varios años intensamente, y nos vinculó en una relación personal y profesional muy sólida.

Su ejemplo en el taller, en el manejo del personal, en las relaciones con sus clientes, privados e institucionales, de alguna manera crearon un modo de proceder imposible de no admirar. Mantuve con él, a lo largo de los años, una relación personal sin paredes ni antifaces. A veces recio y rígido, en otras tierno y humano, Calventi fue un arquitecto de excelencia mundial, incómodamente adaptado a la realidad dominicana. (GLM)

Gustavo Luis Moré y María del Mar Moré

AAA067

USD $10.00USD $20.00

Desde sus inicios, AAA ha querido ofrecer cada año una visión regional y nacional actualizada, del acontecer en materia de arquitectura, interiores, restauro, urbanismo y otras manifestaciones afines a la transformación del espacio habitado. Esta especie de mirada a vuelo de pájaro nunca es completa ni ofrece un panorama estable. El juicio crítico posterior a la mirada debe ser conformado por cada lector, con las pocas muestras que llegan a nuestras oficinas editoriales y que finalmente son impresas en las páginas de la revista.

Este es uno de esos ejemplares en los que hemos querido recoger diversas propuestas proyectuales, que abarcan desde la arquitectura privada, la institucional, la vivienda, y finalmente, algunas obras dentro del universo de las infraestructuras públicas de reciente e importante aparición, como lo es el sistema de la primera línea del Teleférico de Santo Domingo, que acompañamos con una experiencia similar de reciente factura en Bolivia. Los casos de Medellín y de Rio de Janeiro ya han trascendido sus fronteras y se han hecho paradigmáticos en otros países. Este es el primer ejemplo realizado en la República Dominicana —a nuestro conocimiento en todo el Caribe— y por lo que parece, no será el último. También ofrecemos varias obras recientes realizadas en Trinidad y Tobago por el destacado equipo de acla:works, una de las firmas de mayor prestigio en el Caribe anglosajón. Además, gracias a la gestión del colega Jesús Yépez, editor de la revista Entrerayas, en Caracas, presentamos dos obras en ese país y una de las estaciones del Teleférico de la Paz, Bolivia.

AAA ha transitado en sus recientes ediciones, una serie de números temáticos que han tenido un impacto notable en la República Dominicana: AAA061 dedicado a la actualidad de la arquitectura dominicana 2016. AAA062 fue un importante número monográfico que tuvo como tema la movilidad urbana en la ciudad de Santo Domingo, aspecto crítico de la situación actual de la capital dominicana, número de gran aliento muy bien recibido por entendidos y por el público en general; AAA063 fue una edición que hizo énfasis sólo en proyectos, titulada “El imaginario de la arquitectura dominicana”, en la que dibujamos un panorama de las expectativas de la arquitectura actual en la RD; AAA064, también monográfico, fue un número que se ocupó de los más importantes desarrollos en altura de la ciudad de Santo Domingo, en una visión pionera, realista y esperanzadora. AAA065 cubrió nuestra periódica y tradicional edición dedicada a reseñar los mejores trabajos de interiorismo en la RD. Por último AAA066 fue dedicado —por primera vez en el mundo se realizaba una edición coherente e integral sobre este tema— al célebre desarrollo turístico de Punta Cana en el este de la República Dominicana. Esperamos seguir con números temáticos, algunos sorpresivos, con contenido de cierta relevancia, y otros que siguen nuestra tradición de ofrecer, como por ejemplo nuestro número anual dedicado a los interiores arquitectónicos de mayor calidad en el país.

Entendemos que la responsabilidad de una revista vá más allá. que la de reseñar la contemporaneidad, desde un punto de vista profesional. Un vehículo como este permite transformar la cultura del espacio creando opinión critica, democrática e informada, de la realidad actual, cubriendo tanto el pasado como el futuro de manera equilibrada. AAA está consciente de esto, y se ha dedicado a crear contenido, a despertar, por medio de la palabra y la imagen, una conciencia ciudadana actualizada y responsable, que permita orquestar cambios en el espacio con una sensibilidad particular y universal. Publicar es un acto creativo, si se atienden las necesidades que en verdad operan en el trasfondo de los hechos.

AAA Pro_File 08

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Durante el transcurso de esta edición de Pro_File hemos profundizado detalladamente en la obra de Pedro José Borrell y en la historia detrás de cada obra. Esta historia, resumida apretadamente en apenas 300 y tantas páginas, es una mirada en la búsqueda de un hombre nacido en Puerto Plata pero criado en Santiago, educado en contacto estrecho con el arte y practicante de varias disciplinas creativas: el dibujo, la pintura, la fotografía y —como actividad totalizadora de todo ese aprendizaje— finalmente, la arquitectura. Es en la arquitectura que Borrell ha alcanzado una dimensión trascendente caracterizada por una serie de importantes obras que por derecho propio tienen su lugar en el corpus construido de la República Dominicana en los siglos XX y XXI. En ese universo se ha centrado el discurso de este volumen.

Borrell es antes que nada un arquitecto de oficio diestro y perfeccionista, consciente de su labor como proveedor de un servicio que debe cumplir los sueños, anhelos y peticiones del cliente. Sin embargo, no por ello su labor está exenta de una profunda dimensión introspectiva y de un compromiso profesional que no admite negociación en su posición creativa. Aunque no pretenda crear manifiestos, ni dictar normas, sus edificios han contribuido a la conformación de la imagen de los lugares donde se encuentran y han estructurado un ámbito en el imaginario cultural dominicano.

Sus obras de la década de 1970, quizás uno de sus grandes momentos creativos, son poseedoras de una poética muy particular, con edificaciones muy expresivas, fundamentadas en la estructura manifiesta. La producción de estos años le mueve a hacer uso intenso del hormigón visto, material que Borrell tradujo en propuestas tectónicas de una fuerza admirable. Su arquitectura doméstica de la misma época, marcó, con un vocabulario cónsono, pero paralelo, el sello plástico de la vivienda que demandaba la clase media de una sociedad en vertiginoso estado de evolución.

Durante las muchas conversaciones que hemos sostenido con Pedro José y los múltiples colaboradores que han participado en esta edición de Pro_File, nos hemos dado cuenta de que Cucho, como le conocen sus amigos, es el autor de una obra sin estridencias, de una sinceridad y una expresividad auténtica. En muchos de sus edificios tiende hacia la separación patente y visible en la propuesta formal de los diferentes ritmos funcionales que se verifican en el interior de los mismos. Queda clara la identidad funcional de cada parte del todo. Se trata de una actitud que el arquitecto reivindica como un credo cuando señala en una conversación con nosotros que él cree que el edificio debe ¨decir¨ como funciona. De ahí la marcada tendencia a enfatizar la separación de los distintos elementos que componen la propuesta arquitectónica. Núcleos de circulación vertical que adquieren una prestancia significativa, casas distribuidas en pabellones o un elemento poderoso marcando una entrada son algunos ejemplos de esta actitud.

Si bien su obra no transige con la contextualidad, tal y como se comprendió en los análisis críticos de la postmodernidad, en muchos de sus diseños hay una actitud de respeto al espacio de la calle: una pequeña plaza que conecta a la acera en un edificio institucional o el maravilloso —hoy mutilado— jardín escultórico propuesto para el “Huacal”, son solo ejemplos admirables de esta posición respecto al espacio público.

La andadura de Borrell no se circunscribe sólo a la arquitectura. Ya hemos dicho antes que la pintura y la fotografía han ocupado una parte importante de su quehacer. Incansable caminante, ha recorrido el país y el mundo realizando investigaciones arqueológicas, fotografiando la gente humilde de la tierra o realizando una importante labor conservacionista. Como arqueólogo submarino ha participado de importantes hallazgos de naufragios de la época colonial tal como consignan en esta edición los textos que Frank Moya Pons y Bernardo Vega generosamente han aportado. Este legado se agrega a sus edificios, que son parte del patrimonio arquitectónico moderno del país.

De todas las actividades creativas la arquitectura es aquella que más escapa a las libertades y al antojo del creador —el programa, los requerimientos, la legislación imponen su freno— pero también es la que más escapa a la imposición del tiempo en la persona del arquitecto. La experiencia agudiza los sentidos, afina la mano, hace que las soluciones de diseño sean producto de una naturaleza adquirida. Tal es el sello de un arquitecto maduro, de una obra reposada y coherente. Pedro José Borrell muestra hoy los signos de esa cualidad que, al ver su obra en perspectiva, son producto de un pensamiento profundo acerca del diseño y del hecho construido.

Al abordar el proyecto de este Pro_File hemos hecho uso de todos los recursos documentales a nuestro alcance. A través de los años, hemos revisitado y conocido muchas o casi todas sus obras, extendidas por gran parte de la República Dominicana; hemos conversado con compañeros de aula de Borrell, colaboradores, consultores y amigos. En una de esas conversaciones, Rafael Veras quien fuera su condiscípulo y laborara junto a él en el pionero proyecto del campus de la PUCMM en Santiago de los Caballeros, nos comentó: “por fin se decidió Cucho a hablar de arquitectura y es que Cucho es así, de la manera que lo retrata Omar Rancier en el interesante ensayo crítico que aparece en esta edición y en el que señala que la obra de Borrell es lógica, racional, correcta y sin aspavientos. El propio Pedro José señala en una entrevista que nos concediera: “en general yo me siento tranquilo con lo que he hecho y, más importante, con lo que todavía estoy haciendo …”

AAA066

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La zona del este de la Isla Hispaniola, una extensión de tierra llana, con pocos accidentes topográficos y escasa vegetación, termina en el denominado Cabo Engaño, frente al estrecho de la Mona, brazo de mar que conecta al Caribe con el Océano Atlántico, aunándonos a Puerto Rico; En esta coyuntura geográfica la naturaleza ha creado unas playas y un clima verdaderamente asombrosos. Durante siglos, apenas una casa fuerte, como único pié de apoyo en Boca de Yuma por el Gobernador Nicolás de Ovando -en la difícil tarea de dominar las tribus indígenas predominantes en el territorio-, y el uso productivo de estas tareas de tierra devastadas para dar cabida al pastoreo de animales y a la producción de la caña de azúcar. Ya en los inicios del siglo XX, toda la región estuvo abandonada a su suerte, con escasos pobladores dedicados a la la pesca y a la agricultura básica como precario medio de vida.

La población más cercana, Salvaleón de Higuey, fue fundada en tiempos tempranos de la colonia, adquiriendo preponderancia eventual con el asentamiento y posterior construcción de la Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia, patrona espiritual del pueblo dominicano, celebrada con un templo de diseño brutalista extraordinario, producto de un concurso internacional emblemático celebrado en los años 50, y hoy en día poco presentada a visitantes, pero constituyendo en verdad, una de las piezas claves de la modernidad caribeña.

La historia de la zona registra: Cuando los colonos españoles iniciaron la conquista de la que sería La Española, la parte oriental de la isla pertenecía al reino Caícimu-Higüey de los indios taínos. El territorio de la actual Provincia La Altagracia, sería una de las últimas zonas de la isla en ser conquistadas por Juan de Esquivel, el militar español que en 1503 dirigió su conquista, tras ser asignado para este fin por Nicolás de Ovando, el gobernador de la colonia. Tiempo después, un conjunto de españoles montó un campamento en la misma zona, pero fueron hostigados por los indígenas que finalmente consiguen matar a varios de ellos. Nicolás de Ovando, gobernador de la colonia y fundador de muchas de sus asentamientos todavía hoy principales, creó en respuesta una partida 300 hombres —entre los que estaba Bartolomé de Las Casas— bajo el mando de Esquivel. Estos ganan el territorio e imponen al cacique Cotubanamá la firma de un acuerdo de paz. Construyeron la pequeña fortaleza, a la que nos referimos antes, que fue ocupada por un reducido destacamento de nueve soldados bajo el mando del capitán Villamán.

El 7 de diciembre de 1508 la colonia de Higüey consiguió una mayor independencia, al serle concedido un privilegio real para mostrar un escudo de armas. Por aquella época, esta localidad pertenecía como parroquia al condado de El Seibo. Durante la colonia, y a pesar de su lejanía de Santo Domingo, tuvo una importante actividad agrícola relacionada con la caña de azúcar, el jengibre y el cacao, que con el tiempo se redirigió a la de ganadería extensiva. Tras unas décadas, Higüey fue trasladada lejos de la costa, al igual que las restantes villas del este.

Hasta aqui, los apuntes generales que registra la historia que poseen cierta relevancia para la nuestra escrita hoy. Lo que hoy en dia se reconoce como uno de los enclaves turísticos más exitosos del Gran Caribe, Punta Cana, que para entonces se llamaba Yauya, era apenas un arco de playa y arrecifes enfrentado al este, poblado por una docena de casuchas dispersas sobre el territorio. La noción de propiedad de estas tierras era ambigua, más bien reclamada por el uso o dominada por los poderes que fueron asomándose a la zona, en el devenir del siglo XX.
A finales de los años 60, un grupo de hombres sobrevuelan y paralelamente exploran por tierra la zona, y se admiran del potencial de la misma. Paralelamante a una visión de desarrollo turístico que se fue consolidando institucionalmente en el estado dominicano, producto de la imaginación y la obra del ex Presidente Joaquín Balaguer, este grupo -eventualmente aumentado hasta lo impensable- de jóvenes inversionistas, pioneros en estos menesteres, lograron desarrollar, en pocas décadas, prácticamente todo el litoral costero del este, desde Bayahibe, al sur, hasta Miches, colindante con el lindero sur de la bahía de Samaná. Varios nombres acuden al inventario de hechos, pero es sin dudas, el del joven Frank Rainieri, -quien acuñó una actitud de actuación “sin prisa, pero sin pausa”, es quien hoy se destaca como arquitecto y asume una misión de vida que le llevaría a incorporarse como principal protagonista de una iniciativa cada vez creciente cuantitativa y cualitativamente. Hoy, Punta Cana, el primer proyecto imaginado en la región, se debe a su iniciativa, oportunamente orquestada con un grupo de socios nacionales e internacionales que creyeron en su visión de futuro, y le acompañaron hasta convertir a Punta Cana, y tras él, a los demás destinos posteriores de la zona -Bávaro, Cortecito, Cap Cana, etc.- en un ámbito representante del paraíso terrenal en cualquier lugar del mundo. Solo hay, a manera de comprobación, que preguntarle a cualquier extranjero dónde ha estado en la República Dominicana, y seguramente Punta Cana está en el tope de sus preferencias. Los taxistas, tanto en Europa como en América Latina, son una excelente referencia.
La revista Archivos de Arquitectura Antillana, iniciada en el 1996, ha publicado docenas de sus números trimestrales en los que incluye obras propias de la zona; muchas casas de gran calidad arquitectónica y proyectos de carácter comercial, han sido descritos, al igual que hicimos ya desde el AAA02, cuando dedicamos varias páginas a cubrir el insólito primer bloque del hoy el mayor aeropuerto del país, el Aeropuerto Internacional de Punta Cana, estructura de radical belleza construida como punta de lanza del desarrollo con los materiales autóctonos del lugar, y piedras producto de la nivelación de la pista. De este primer ensayo de arquitectura aterrizada al sitio, orquestado por el Arq. dominicano Oscar Imbert, y ampliado en varias fases sucesivas, -en AAA066 publicamos precisamente la última fase, actualmente en terminación- surge una primera paleta todavía predominante en la arquitectura de la zona. Oscar y posteriormente su talentoso sobrino, Antonio Segundo Imbert, desarrollan infinidad de obras: hoteles, pequeños y grandes restaurantes, espacios lúdicos cada vez más sofisticados y viviendas de lujo, con un repertorio de materiales locales -piedra caliza, horcones de eucalipto, techos de cana, lajas de piedra gris, etc-, que no tienen nada que envidiarle, en términos conceptuales, a la arquitectura vacacional de otras latitudes realizadas con presupuestos ridículamente más altos.

El primer desarrollo hotelero atraído por las delicias del lugar fue el Club Mediterraneé en RD; de inmediato se desbordó el muro de contención, y decenas de inversionistas extranjeros con arquitectos de variopinta talla, locales e internacionales, fueron construyendo un numeroso rosario de instalaciones vendidas internacionalmente bajo el cuestionado modelo del “todo incluído”, que caracterizó la oferta durante muchos años; hoy, las opciones se han diversificado, y la empresa privada local está actuando dentro y fuera del predio de Punta Cana, con conjuntos residenciales, plazas comerciales, industrias, etc., que han enriquecido la economía local hasta convertir al histórico poblado de Higuey en una especie de ciudad satélite proveedora de servicios de la región. Una pequeña población, a la orilla del camino de acceso desde Higuey, Otrabanda, originalmente construida con hermosísimas casitas vernáculas de madera y zinc, pintadas con las combinaciones de colores más alucinantes imaginados, -y motivo de inspiración de los Imbert en sus primeros ensayos arquitectónicos- hoy se ha formalizado, lamentablemente para mal, gracias a la dinámica económica de la zona.

Una segunda pero inmediata oleada de edificaciones de gran sofisticación se establece con la presencia del enormemente influyente diseñador dominicano Oscar de la Renta, quien participa como inversionista pero además, desarrolla un esquema arquitectónico paralelo, basado en las casas de plantación tropicales típicas de la Louisiana, adaptadas al clima y a los materiales locales; de aspecto más clásico, de gran inspiración Palladiana, de la Renta y una serie de estupendos arquitectos dominicanos y extranjeros -varios de los cuales han sido profundamente estudiados, otros presentados por primera vez en AAA066- han creado esta imagen de identidad complementaria a la rusticidad poética de los Imbert, coexistiendo en un todo enriquecido por su multiplicidad, y a la vez, de alguna manera, homogéneo en su lectura.

El Grupo Puntacana hoy es un conglomerado que trasciende las fronteras de su propiedad en el este de la RD, con participación en diversas iniciativas nacionales e internacionales. Puntarenas, cerca de Azua, en el sur, es una de ellas, al igual que otros desarrollos para vivienda de estratos medios y urbanizaciones de tipo social. Si se quiere, se trata de un proyecto de familia, liderado por Frank Rainieri, en el que participan su inagotable y carismática esposa Doña Haydée Kuret y sus hijos Frank Elías, Paola y Francesca; pero ya el operativo montado para mantener la operación rodando y hacerla crecer cualitativamente, a la vez que se abren nuevos proyectos para atender la demanda de diversos segmentos del mercado regional, ha requerido de una estructura humana enorme, dominada con altísima eficiencia. La cantidad de obras producidas en los cerca de 40 años de esfuerzos es imposible de resumir en estas páginas de AAA, pero hemos pensado que la síntesis realizada para la presente edición, representa de manera atractiva la calidad creciente de los proyectos y obras novedosas.

Originalmente interesados en cubrir toda la zona este del país en un número actual dedicado a la arquitectura del ocio, como habíamos hecho en otra ocasión, en el que incluyéramos Casa de Campo, Boca de Yuma, Cap Cana, Bávaro, Bayahibe y otras localidades turísticas de la región, cambiamos la perspectiva cuando nos percatamos del inventario de nuevas obras por reseñar y nos enfocamos solamente en las hechas en Puntacana Resort & Club. Gracias al interés de Jake Kheel, presidente de la Fundacion Grupo Puntacana, quien nos animó a darle esta mirada profunda a la iniciativa, a Luis Migoya, Director Ventas Inmobiliarias Puntacana Resort & Club, quien nos adentró personalmente en los rincones más recónditos del desarrollo, y al mismo Frank Rainieri y sus asistentes -gracias sobre todo a la Lic. Mónica Medina-, logramos redondear una selección que posee tanto una visión histórica, una personal -la entrevista al mismo Frank fue reveladora-, y una que advierte las posibilidades de adaptación y cambio que esta viviendo la region de Punta Cana hoy en día. Gracias a ellos decidimos concentrarnos en Puntacana Resort & Club, y en verdad, nos faltaron páginas para mostrar todo lo digno de ser expuesto. En ediciones posteriores nos abriremos en temas específicos, como el paisaje, la arquitectura de interiores, las infraestructuras, los desarrollos destinados a otros mercados, etc. Reconocemos en este número a todos los arquitectos, propietarios, suplidores y empresas participantes en la edición, al igual que a nuestro nóvel fotógrafo, Emilio Rodgar, quien por más de 4 semanas se dedicó de lleno a visitar, arreglar, fotografiar y a corregir con elegancia, el gran número de obras reseñadas.

Mientras esto se escribe, decenas de nuevos negocios y de empresas, proveedores de materiales y servicios, profesionales y una mano de obra cada vez más cualificada, se instalan y participanactivamente en la realización de este enclave mágico, situado en la República Dominicana, pero de resonancia mundial. Muchos, pero pocos años, han pasado en verdad, desde que Frank y su grupo de quijotes, hicieran aquellos 10 bungalows -diseñados y construidos con un gasto de centavos por la increíble imaginación del Arq. José Horacio “Sancocho” Marranzini-, al frente de la playa lo que sería el PuntaCana Resort, espacio semilla del proyecto completo. En esos tiempos, la carretera a Puntacana Resort & Club era un camino de tierra; el aeropuerto no existía, Frank Rainieri era un iluso, y los que le visitábamos, dudábamos seriamente si tenía su cabeza bien organizada. Hoy, sin prisa, pero sin pausa, el tiempo le ha dado la razón.

He aqui la obra, Frank, solo una muestra de lo más reciente realizado allí; esperamos otras publicaciones tan ricas como la que hemos obtenido junto a tu maravilloso equipo.

Ya estas en el cielo, hiciste tu propio paraíso en la tierra, que compartes con todos, de
aqui y de allá, gente que viene, va y vuelve, gente que vive aqui y sueña allá con estar aqui con nosotros.

AAA065

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Como un ejercicio de investigación que realizamos con cierta periodicidad, esta edición ha sido dedicada a presentar tan solo una muestra del trabajo de una serie de arquitectos y diseñadores de interiores, que han venido dejando una huella cada vez más presente, y cada vez de mejor calidad, en la cultura dominicana.

Atendiendo a la dinámica social que se manifiesta sobre todo en los centros urbanos principales -en este caso Santo Domingo y Santiago- las intervenciones en apartamentos de exigente factura, oficinas corporativas, en instalaciones comerciales e incluso, en pequeños ambientes públicos, está respaldada ya por firmas de profesionales reconocidos y, para nuestra sorpresa, por jóvenes autores que se integran al mercado con obras de alta calidad y buen gusto. AAA065 ha querido brindar una muestra, muy limitada, lo reconocemos, de este universo en expansión continua.

Si algo habría que señalar del inventario elegido junto a nuestra coeditora invitada, María del Mar Moré, es un radical cambio de espíritu. Cada vez se diseña menos siguiendo las tradiciones clásicas y tradicionales -de enorme elegancia y eterna validez- optando mayormente por líneas más geometrizadas, objetos y arte minimalistas, y por materiales tanto modernos, como clásicos. Seleccionar piezas vintage en anticuariatos, modernariatos y otros mercados de lo anteriormente “inútil”, se ha convertido en toda una experiencia, generalmente compartida entre clientes y diseñadores. Algunos espacios exhiben técnicas contemporáneas de reciente desarrollo junto a piezas artesanales del origen más remoto y de gran antiguedad. Este tema es digno de admiración, pues requiere del diseñador un conocimiento pleno de la historia del arte, una pasión particular por el origen de las formas y sus significados, además del talento y la visión necesarios para poderlos articular en un todo que, tanto cumpla con las expectativas del cliente, como con los propios estándares de calidad del autor mismo.

Lógicamente, hay situaciones extremas, o muy especializadas que exigen tratamientos propios: en un penthouse de una torre localizada en pleno centro del Polígono Central de Santo Domingo, se detalla con precisión el estudio de música, ensayos y la muestra de la colección de un connoiseur de instrumentos musicales vintage, integrado funcionalmente a la vivienda, pero con las debidas precauciones acústicas llevadas a su máximo control. Este es un caso. Otro puede ser una pequeña tienda de objetos en la interesección de dos pasillos en un centro comercial, creando una imagen única y atractiva en ambientes que tienden a la anonimidad de lo genérico. Rafa Selman, asiduo colaborador de AAA, intervino 3 zonas distintas de un mismo recinto, dentro del Santo Domingo Country Club, con la identidad necesaria para cada uso, y a la vez con una coherencia admirable entre las mismas. El mismo Selman produce para unas oficinas ejecutivas, un interior tan agradable y suave que, sin perder su carácter institucional, se confunde en una atmósfera casi residencial, doméstica.

Un caso particularmente interesante es el de la Arq. Yvelisse Hahn, en Santiago de los Caballeros. Hahn logra recibir el encargo planificar la lotificación de todo un desarrollo de viviendas cerradas, diseña las unidades habitacionales y además, realiza muchos de los interiores de las mismas. Casos así son inusuales y producen resultados dignos de atención.

De todo el muestreo realizado, la mayoría de los proyectos han sido realizados en apartamentos de variados tamaños, en torres residenciales urbanas. Se ha convertido ya en un proceso regular, involucrar diseñadores de interiores con diversos grados de participación, en los apartamentos en SD. Desde la elección de un color, una asesoría en el mobiliario o las obras de arte, hasta el diseño y la transformación total del espacio limitado que a veces que permiten estas unidades, la presencia de diseñadores es notable. Hay casos frecuentes en los que se llama al diseñador para actuar sobre la recepción, las áreas públicas y vestíbulos de estas torres. Esto no ocurría, hace apenas 5 años.

La edición demuestra los diversos acercamientos al tema de varios autores o, con frecuencia, de equipos de autores. La verdad es que ya, invertir en amueblar y equipar un apartamento urbano promedio, requiere de una inversión en la que una asesoría profesional, no sólo es recomendable, sino altamente rentable.

Otro fenómeno es el que el mismo diseñador, emprenda un negocio para importar o fabricar objetos, mobiliario, arte y otros elementos, tanto para el público en general, como para suplir las necesidades de sus propios proyectos. Bien manejada, esta estrategia comercial paralela parece exitosa, si la visión del diseñador logra calar en el mercado y sus objetos llegan a ser competitivos y valorados por sus clientes, y hasta por sus propios colegas. Es muy sabido que no siempre, pero en muchas ocasiones, los márgenes de beneficios del diseñador de interiores llegan a ser incluso mayores que los de los arquitectos, y además, reciben con frecuencia comisiones por venta a terceros que se han convertido ya en una legítima práctica, común en el mercado internacional, generalmente producto de acuerdos previos entre los diseñadores y sus clientes.

Sigue siendo frecuente la actuación de arquitectos en calidad de interioristas, aunque comienza a desdibujarse la frontera entre ambas disciplinas. En realidad, el oficio del diseño de interiores se ha especializado y está alcanzando dimensiones cualitativas considerables. Ya veremos como la economía y el desarrollo cultural en la República Dominicana permite un mayor crecimiento aún en los próximos años.

La sección Caribbeana de esta edición ofrece dos visiones de viajeros con su arte a cuestas: La talentosísima Nathalie Ramírez, cantante, músico, pero en esta ocasión, destacada en AAA como dibujante exquisita, nos regaló el gozo de ilustrar la edición con sus apuntes realizados en un viaje, bocetos que reunió y expuso en la Galería Mamey, en Santo Domingo, hace unas semanas, titulada Crónicas do Brasil. Como su nombre lo indica, son bocetos de lugares que captaron su atención y retuvieron lo suficiente su mirada como para ser eternizados en estos deliciosos dibujos sobre escenas urbanas, interiores de edificios, puentes, espacios públicos, etc.

Frank Hatton es como una ola; es un arquitecto dominicano itinerante que va y viene, siempre con entusiasmo, con ideas, con dibujos llenos de futuro que realiza junto a sus colaboradores, para las más asombrosas iniciativas: concursos abiertos para monumentos conmemorativos, memoriales, fachadas intervenidas de las formas más insólitas, pequeños espacios cargados de significado y siempre, de un diseño meticuloso e inteligente. Decidimos dedicar unas páginas a retratar su trabajo internacional, y mostrar cuan potente puede ser la arquitectura, aún aquella no construida, sino simplemente imaginada.

AAA066 será una sorpresa… sigan en sintonía; cuando tengan esto en sus manos será ya el 2018: que el más grande de todos los arquitectos nos depare un destino luminoso, saludable, próspero y en fin, feliz.

Gracias a todos por estas 65 ediciones en 21 años. Estamos agradecidos, orgullosos, asi como esperamos que ustedes también lo estén.

AAA064

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Tarde o temprano, AAA debía abordar este tema tan controversial como apasionante.

Edificar en altura posee un atractivo particular, que apela a la vocación de poder, no sólo a la posibilidad de flexionar la musculatura económica de una sociedad, o de llamar la atención en el paisaje, o de producir la -frecuentemente- necesaria densificación de sectores urbanos específicos. Construir en altura, y habitar en esos espacios, constituye un reto y un logro a la vez, y sus resultados tienen un impacto notable en el carácter de una ciudad, y en el avance de la cultura tecnológica y tectónica que lo ostenta.

A lo largo de la historia las citas e imágenes que evidencian este fenómeno se suceden paulatinamente; desde la bíblica Torre de Babel -mítico origen de infinidad de metáforas, asociaciones y posibilidades futuras- las conquistas del espacio de los constructores de la antiguedad babilónica, egipcia o grecorromana, hasta las torres y campanarios del Románico, las asombrosas bóvedas Góticas, o las torres toscanas de San Gimigniano, conquistar la altura, expandir el espacio y dominar el territorio con estructuras cada vez más audaces, ha constituído una constante universal imposible de ignorar. La cualidad más evidente de cualquier monumento, más allá de su propios méritos históricos, es su dimensión, aunque su función inicial haya sido inútil; asi, desde los arcos de triunfo, hasta la torre Eiffel, construcciones vacías de habitabilidad pero continentes de un significado socialmente necesario, se podría dibujar un itinerario de piezas cuya dimensión, juega un papel preponderante en la historia de las civilizaciones.

A partir de las invenciones de la Revolución Industrial, estas estructuras se hacen habitables; proponen espacios útiles para la operación humana, dotadas con infraestructuras capaces de permitir funciones de diversa índole. A partir de entonces, la carrera por construir más alto, no ha cesado; cada ciudad, cada país, cada sociedad, hace gala de su potencial como colectivo humano, -o como suma de superhombres, Atlas que construyen metro a metro la autoestima de las comunidades- sea en una capital, un enclave capitalista, una sociedad autocrática, o, en síntesis, una “afrentosa” isla en el Caribe, pretenden incesantemente ganarle la carrera a la gravedad y conquistar, a puro pecho, las cumbres del vacío entre las nubes.

Como escribe Barry Bergdoll en “Reading ‘Mile-High’”, (ver reseña de la expo en el MoMA “Unpacking the Archives”, mas adelante en esta edición), Frank Lloyd Wright se esmeró con una singular propuesta de un edificio de una milla de altura; gracias al arrojo y a la audacia estructural de algunos maestros como Louis Sullivan o personajes de la ingeniería como Eduardo Torroja, Pier Luigi Nervi, J.J. Polivka y Robert Maillart, la lista de autores modernos es infinita.

Como una condición sine qua non, cada edificio necesita ser afincado en la tierra; esto reduce, en principio, la construcción de una torre a una ecuación en la que dos factores son esenciales: la condición propia de cada suelo, del sustrato sobre el que se ejercerá una enorme concentración de peso en muy poca superficie; y el diseño mismo de la torre como factor fundamental para transmitir esta carga al suelo y a la vez alojar las funciones de su utilitas de manera rentable. En el mundo de hoy, la existencia de esos edificios identificados icónicamente en los paisajes urbanos de casi todo el globo, depende de otro factor: la posibilidad de ser financiados, de convertirlos en un objeto del deseo capaz de ser adquirido por un mercado aunque enrarecido, en la mayoría de los caos, pero en definitiva, real. Asi, en esta AAA064, hemos querido iniciar un abordaje sobre el tema, situado en el Santo Domingo de hoy. A diferencia de otros países de la región -México, Colombia, Venezuela, Argentina, Brasil, son referentes bien documentados- en las Antillas, sólo en La Habana, Cuba y en San Juan de Puerto Rico, se habían construído edificaciones de cierta altura, antes de ser hechas en la República Dominicana. Santo Domingo inicia su densificación y alzamiento justo en el Centro Histórico, con edificios de 7 y 8 pisos como el Diez y el Baquero, construídos por Benigno Trueba a finales de la década del 20. Otros edificios de cierta envergadura les siguen, aunque en realidad, no es sino hasta los años 60, con obras como el Edificio La Cumbre, de Amable Frómeta en el flamante sector de NACO, que comienzan a plantearse obras mayores a los 11 o 12 niveles. El edificio KG y La Torre del Sol, alcanzan alturas mayores y son exitosos proyectos de promoción inmobiliaria.

La sectorización de Santo Domingo en torno a espacios verdes y públicos, ejes viales de envergadura y zonas reguladas por normativas, tanto municipales como por códigos de construcción actualizados, paralelamente al desarrollo de un mercado financiero cada vez más ágil y con cierta estabilidad durante las últimas dos décadas, ha incentivado un nivel de obras en altura nunca antes imaginado. No todas poseen los méritos suficientes para ser admiradas como obras de arquitectura de calidad, pero el hecho es contundente. Más allá del estilo, y de las facilidades que estos edificios proveen a su exigente clientela, la ciudad ha crecido, y continúa creciendo con un ritmo continuo y acelerado. Aunque se ha visto que este tipo de fenómenos ocurren en otros países como producto del trasiego de fondos de origen difuso, y que muchos de estos proyectos quedan vacíos después de su terminación, el caso de Santo Domingo parece obedecer a condiciones de la economía mucho más transparentes, y producto de un mercado habitacional sustentado por inversiones realistas.

AAA064 enfrentó el tema desde 3 ángulos:

– La selección de 10 ejemplos recientes de diseño en altura producto de propuestas arquitectónicamente interesantes; esto nos dirigió a reseñar alfabéticamente obras incluso en proceso de terminación al momento del cierre, pero con la suficiente definición para poder apreciar sus valores como proyecto y su impacto en la ciudad.

– Un análisis del mercado inmobiliario, entendido desde la experiencia de tres de sus agentes representativos, invitados por los editores a discutir el tema internamente; aqui se evidencian las características que convierten a una zona de la ciudad en un blanco potencialmente idóneo para la ejecución de proyectos en altura, respecto a otros que no; y definimos un panorama compartido de la situación actual y de sus perspectivas inmediatas.

– Una consulta a los profesionales que, junto a los arquitectos, posibilitan el éxito sostenible de estas edificaciones: sus ingenieros estructurales. Igualmente invitamos a tres de los más renombrados diseñadores estructurales del escenario actual, y planteamos el marco de referencias en el que se desenvuelve su práctica, sobre todo, dependiente de la codificación normativa actualizada por el MOPC, actualmente vigente. Rica conversación en la que se comprobó la importancia que juega una arquitectura consciente de nuestras condiciones geográficas, para ser cabalmente correctos.

Entendemos que esta edición, al igual que en otros casos que hemos trabajado pioneramente desde este medio editorial, es solo un introito al tema; el debate apenas se abre y esperamos que lo aqui resumido, contribuya a una mejor arquitectura, a una mejor ciudad, a una cultura en las que el diseño, la ingeniería y el mercado inmobiliario consoliden un trípode sobre el que toda la ciudadanía y los usuarios de estos inmuebles, puedan sentirse seguros y bien representados.

AAA063

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Imaginar es un hecho previo al de actuar. El sentido común secuencia los hechos como productos del pensamiento, la palabra y la obra. ¿O será posible actuar impulsiva y automáticamente, sin aviso ni determinación previa? ¿Será posible reducir el pensamiento a una fracción de tiempo tan mínima que parezca no existir? Que sea sólo una reaccción casi refleja, como un acto de supervivencia extremo?

En la arquitectura al menos, no lo es. Al igual que las obras de arte en todas y cada una de las disciplinas en las que se manifiesta el hombre, toda arquitectura es sin dudas primero obra de la imaginación, si bien esta puede ser en sí, en sus inicios, un acto fugaz, inesperado, sorpresivo: una especia de bang creativo que desencadena una serie de eventos que han de cambiar el mundo conocido, para acomodarlo a un antes y a un después.

Sin pretender aprehender ese instante, pero a la vez situarnos lo más posible cerca de él en el largo y muchas veces tedioso proceso que implica hacer arquitectura, AAA ha decidido enfocar en esta edición, un inventario de ideas, conceptos preliminares, anteproyectos y proyectos, que no han tenido la suerte de ser ejecutados, o que están en un momento muy temprano de su concretización en la realidad.

Esta edición, extraña para las normas de AAA, la de siempre publicar obra construida —como un estímulo a propiciar su ejecución— se dedica única y exclusivamente a proyectos; ninguna de las páginas del ejemplar incluye obra realizada, sino sólo proyectos. En pocos años de ejercicio, todos los arquitectos practicantes confirmamos una terrible verdad: los casos en los que los planos conceptuales llegan a convertirse en realidad constituyen un porcentaje bajo, ante la enorme cantidad de ideas que se quedan en los archivos, antes se diría en el tintero, hoy, en los discos duros o servidores digitales de los estudios de diseño. Raros son los despachos en los que se logra realizar la totalidad de los proyectos que son comisionados en las oficinas. Esta suerte sólo la merecen talentos sobrenaturales para la creación, para comprender el trasfondo de la psiquis de los clientes y sobre todo, un olfato canino y una férrea disciplina para no aceptar comisiones que desde que llegan, evidencian sus imposibilidades.

Las dificultades de financiación, las gestiones legales de propiedad, sucesión, o catastrales, los inconvenientes de los lotes ante las normativas y los conflictos frente a los estudios de factibilidad previos de los promotores, por no entrar en temas propios de las relaciones humanas entre clientes y arquitectos, o sencillamente, la inconformidad del cliente frente a esquemas no agradables propuestos por los diseñadores, son sólo algunos de los miles de factores que intervienen en el destino de los proyectos fallidos, engavetados en los estudios de arquitectura en todo el mundo. Otras veces, proyectos de excelencia, ganadores de concursos, de gran impacto, valor, y con sobrados méritos, son abandonados a su suerte por posteriores administraciones a las que concibieron las competencias, o los fondos destinados a estos desarrollos son desviados hacia otros fines, generalmente difusos… en fin, la lista de agravios puede ser larga.

Paradójicamente, muchas de esas ideas no publicadas, contienen el germen de obras posteriormente importantes, o incluso, son mejores proyectos que muchas de las obras construidas. Esta es una especie de injusticia histórica inevitable, que no sin cierta ironía, hemos decidido explorar en esta AAA064.

El Comité Editorial procedió de dos maneras: un primer grupo de arquitectos, colaboradores anteriores de AAA, fueron abordados directamente para consultarles si les parecía buena la idea, y si contaban con material susceptible de entrar a la limitada lista corta que nos constriñe a las 200 y tantas páginas de cada edición. Así pusimos la máquina en movimiento, y logramos recopilar un buen bloque de proyectos incluidos aquí. Paralelamente, hicimos un llamado público, a través de nuestras redes sociales —fundamentalmente la que más movida genera, que es la de Facebook (https://www.facebook.com/aaamag)—, que nos aumentó las opciones de publicación, aunque no con la abundancia que esperábamos. Al parecer nuestra lista original de potenciales colaboradores había sido en buena medida certera en su predicción.

Para evitar cualquier asomo críticamente cuestionable de los autores, decidimos tempranamente hacer un recuento en orden alfabético, organizado por el apellido del autor cabeza de equipo. Es importante señalar que varios equipos sometieron a nuestra consideración muchos más proyectos que los aquí presentados. Lo cual demuestra dos cosas: en primer lugar, la gran capacidad de producción de estos arquitectos, y en segundo lugar, las dificultades que se encuentran para encaminar los proyectos hacia su ejecución.

Sabemos que hay muchísimas ideas más olvidadas, engavetadas, en proceso, infinidad de ilusiones que no llegan a ser socializadas. Incluso, muchos concursos de diseño públicos importantes, con participantes serios, nacionales e internacionales, en los que se involucran bienes o territorios significativos ciudadanamente, no llegan a ser expuestos ni antes —como debiera ser— ni después de otorgados los premios. Este recuento, en consecuencia, no es más que una medida casi infinitesimal, un termómetro del estado de la práctica de la arquitectura en la República Dominicana; es el escenario alternativo, imaginario, a lo que vemos construido en el espacio. Este es solamente un fragmento del espacio imaginado, un figmento de la realidad imposible.

Varios arquitectos decidieron no publicar, por razones atendibles. Sus clientes quisieron mantener la confidencia de inicitivas delicadas política o económicamente, que requieren de una discreción particularmente delicada. Otros, por no haber desarrollado sus conceptos hasta documentarlos gráfica o textualmente lo suficiente para hacerlos comprensibles al lector. Otros, por simple superstición, ese temor tan frecuente a no divulgar sus ideas en proceso para no «matar el gallo en la funda», como se dice en buen dominicano. Cualquiera que sea la razón, estamos seguros de que existe una cantidad considerable de proyectos de gran interés para el público y para la misma profesión que hubieran podido enriquecer este itinerario.

Caribbeana, en esta edición, fue dedicada a desplegar la segunda reseña de fotos e imágenes captadas por el agudo intelecto de Alex Martínez. Seguir los ensayos que publica en Instagram o en Facebook con asiduidad, observar las composiciones que reflejan sus miradas de la realidad cotidiana, no deja de maravillarnos. Alex ha encontrado el medio perfecto para compartir sus lecturas, para consolidar en ese espacio tan virtual como presente, sus instantáneas reflexiones geométricas, matéricas, ambientales. Más que retratar, intenta captar el trasfondo esencial de la escena, de sintetizar en una superficie de 2×2”, siglos de teorías de la arquitectura, enseñanzas eternas de composición que van más allá de la calidad de la obra, de la sofisticación del proyecto, del renombre del arquitecto. Se trata de encontrar, en el fondo, tanto el fruto como la semilla que lo originó. Es también, apropiadamente, un espacio producto de su imaginación…

AAA Pro_File 07

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«Desde cualquier perspectiva, intuir que en el tiempo tres generaciones sucesivas de sus descendientes serían reconocidos como arquitectos de calidad en la República Dominicana, debió ser un hecho imposible para doña Mercedes Álvarez y don Francisco «Quico» Caro, hijo de inmigrantes españoles cuyo oficio de panadero sentó las bases para el desarrollo de toda su reconocida familia… José Antonio, nacido en Santo Domingo el 7 de junio de 1910 … consolida una educación amplia y de aguda visión, hecho que demostró con creces durante sus más de cuatro décadas de trabajo profesional y humanista en el desarrollo de la cultura dominicana. Fue tal su pasión, que sus dos hijos varones, José Antonio «Tony» y Danilo, ambos asumen el llamado de la vocación y realizan sus estudios profesionales en la Universidad de Cornell, y ya en una tercera generación, Juan Cristóbal, hijo de Tony, se forma también como arquitecto y al igual que su abuelo, su padre y su tío, mantiene una práctica destacada y firme… Este Pro_File 07, ha estado en proceso de edición desde los años 80, años en los que entramos en contacto con los Caro como parte de las investigaciones del Grupo Nuevarquitectura. Ha sido un desarrollo lento, madurado con el pensamiento y consciente del peso histórico que asumimos al resumir, en estas páginas, más de 80 años de afanes ininterrumpidos de toda una familia y en realidad, de toda una sociedad que les distingue».