Showing the single result

AAA070

USD $10.00USD $20.00

Los flujos e influjos de la arquitectura en RD

Tema raro este, pero frecuentísimo: ha sido práctica común, a todo lo largo de la historia, el que arquitectos de determinada procedencia ejecuten obras en lugares distantes a su origen. Alguna vez escribimos sobre los maestros góticos y los alarifes árabes, ni hablar de los arquitectos de la colonización ibérica en América.

Con el advenimiento de la modernidad y el establecimiento de gremios profesionales sustentados por las normativas oficiales, se pretendió definir fronteras en las que los autores de un lugar fueran los únicos vindicados para practicar allí. Decimos pretender, pues es harto conocida la presencia tanto física como cultural de infinidad de arquitectos en territorios ajenos a través de su influencia cada vez mayor, debido al aumento del flujo mediático en el mundo. Valga recordar la penetración del organicismo Wrightiano en Europa gracias al portafolio Wasmuth, o de las prédicas racionalistas de Gropius, Le Corbusier, Mies etc., en todo el mundo y en particular en el continente americano. Hoy en día es prácticamente imposible determinar el origen de las soluciones formales, e incluso de las corrientes filosóficas —si las hubiese— que las sustentan. El mundo se ha convertido en la verdadera aldea global, en un encuentro de vectores relacionados de infinitas maneras entre sí.

Esta edición AAA070, aborda, ya que aún podemos, un grupo de obras realizadas por autores de la más variopinta procedencia, que tiene entre ellos un rasgo en común: todos han elaborado proyectos previstos a ser ejecutados en la República Dominicana, o de hecho, de obras ya realizadas aquí. Este denominador común extrapola nexos quizás inexistentes entre ellos, excepto por aquellos que pudiéramos hilvanar en esta edición. Lo interesante recae en atisbar con curiosidad e imaginación, el enorme bloque de hielo que se sitúa bajo la punta del iceberg de la obra de cada autor. Además de las propuestas dominicanas, ¿qué otros intereses ocupan su cuerpo crítico? Qué caminos recorren sus especulaciones arquitectónicas?

Ese es el interés de la edición, brindar al lector un panorama de miradas a diversos contextos y de paso, explorar algunos de los proyectos y obras internacionales de alta calidad, que ocupan a estos destacados colegas.

El inventarios de arquitectos extranjeros que ha dejado su huella en la RD es amplio y meritorio. Para no irnos muy lejos, valga recordar en los inicios del siglo XX, la extraordinaria obra del checo Antonín Nechodoma, quien apuntala el eclecticismo local e introduce en la República Dominicana  y Puerto Rico, el Prairie Style; pocos años después el boricua Pedro de Castro diseña y ejecuta obras de enorme sensibilidad en el lenguaje del Mediterráneo o Neohispánico, tan de moda en toda América a partir de la segunda década del mismo siglo.

La modernidad que se afinca junto a la dictadura trujillista a partir del 1930, recurre más bien a arquitectos e ingenieros locales; muchos de ellos sin embargo, demuestran una acusadísima influencia de los patrones arquitectónicos en boga en sus lugares de formación académica, tal es el caso de González, Caro, Ruiz Castillo, Gazón, los Pou Ricart, Hernández, etc. A pesar de la diversidad estilística que se evidencia en las obras de estos y otros diseñadores, a lo largo de más de 3 décadas, se logra percibir un sello particular y una afiliación a los esquemas propios de la época; como en muchos otros lugares, la arquitectura moderna penetra en la cultura local, adaptándose no solo a las condiciones climáticas, geográficas y culturales, sino hasta al marco político, por distante a las condiciones originales del fenómeno que este sea.

En dos de las convocatorias a concursos más sonadas en la República Dominicana, dos arquitectos internacionales resultan ganadores: el inglés Joseph Lea Gleave y el francés André Dunoyer de Segonzac, son galardonados y logran completar, después de décadas de laboriosa incertidumbre, sus proyectos para el Faro a Colón, y la Basílica Nuestra Señora de la Altagracia, en Santo Domingo e Higuey, respectivamente,  ambas obras muy emblemáticas de la cultura dominicana.

El español Javier Barroso, restaura en el año 1955 uno de los más reconocidos edificios de la colonia, el Alcázar de Colón, que también fue posteriormente intervenido después de la vicisitudes sufridas en el conflicto bélico del 1965,  por el maestro mexicano Carlos Flores Marini. En otro tenor, el norteamericano William Cox se convierte en el pionero de los autores que han desarrollado por más de 40 años, las obras de Casa de Campo, en la Romana, el resort vacacional más prestigioso del país en el que también han realizado obras de gran calidad los arquitectos Joaquín Torres de ACero, Hugh Newell Jacobsen, Marco Aldaco, Roberto Coppa, Duccio Hermenegildo, Gianfranco Fini, Savin Coelle, Francisco Feaugás, y un largo etc.

En la ciudad capital de Santo Domingo y en otras localidades, muchos arquitectos han podido proponer proyectos de la más variada índole. El maestro mexicano Pedro Ramírez Vázquez diseña el monumento a Fray Antón de Montesinos; el colombiano Daniel Bermúdez realiza su obra para la empresa Koala; Richard Knoor, de Chicago, construye el Centro Acrópolis y especula en torno a varios desarrollos turísticos;  el cubano José Antonio Choy plantea su esquema para unas edificaciones en la Cancillería Nacional; Perkins and Will de Miami, construye en la actualidad la clínica CEMDOE; la firma de Guadalajara GVA, ha montado una operación muy exitosa en Santo Domingo, actuando sobre todo en el ámbito inmobiliario; el dominico español Antonio Vélez Catrain ha hecho varias propuestas para obras en el país.  El llamado a concurso del MITUR para las ruinas del Monasterio de San Francisco convocó a célebres autores internacionales: Juan Herreros, Rafael Moneo, Gonzalo Byrne, Nieto Sobejano, Paredes Pedrosa, el Consorcio Ingennus-Tecnalia, Consorcio Elemental- Arup, Shankland Cox, Epsa Labco- Euroconsult, Consorcio DSDHA-Inconserca, entre otros quienes no entregaron sus propuestas.  El universo turístico ha visto innumerables propuestas de arquitectos extranjeros naturalizadas en el país; de hecho los arquitecos locales podrían ser la excepción. Las más cualificadas y de gran escala son las encabezadas por el Arq, Jaime Torrens y su equipo, para la cadena Barceló.

La gran escala del diseño urbano y la planificación ha sido abordada también por extranjeros: la firma EDSA ha redactado varios proyectos urbanos, sobre todo para el sector turístico; los puertorriqueños Andrés Mignucci y Emilio Martínez ganan concursos para desarrollos urbanísticos de relevancia asociados a Moré Arquitectos; Ricardo Boffill, con Borrell y Moré produjo el polémico proyecto esquemático para Ciudamar; Bruno Stagno, de Costa Rica plantea un plan turístico normativo para el sur del país; Giorgio Lombardi dirige el equipo que plantea un nuevo plan ordenador para el centro histórico de Santo Domingo;  Bernard Tschumi esboza un ambicioso plan para una ciudad tecnológica en el entorno de Juan Dolio; los milaneses de ItalConsult ponen en marcha un plan de ordenamiento de gran impacto en la ciudad capital, con los auspicios del Ayuntamiento del Distrito Nacional; Jaime Lerner intenta sustituir el proyecto ganador del concurso para el Parque Central de Santiago, sin mucha suerte; un llamado a proponer 28 ideas para la ciudad de Santo Domingo, organizado por el ADN en el año de 2002, concitó la presencia de nombres como Clorindo Testa, Henk Doll Mecanoo, Sebastián Irarrázabal, Manuel de Solá Morales, entre otros.

En fin, esta lista, seguramente incompleta, demuestra la importancia que tienen en la escena local, y nos atrevemos a señalar, en toda escena propia a cada nación, las actuaciones de arquitectos internacionales. A esta relevancia obedece modestamente este número de AAA.

Gustavo Luis Moré